Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Cecilia, de 49 años, que nos escribe desde Puente Piedra.
Doctora Magaly, le escribo porque mi matrimonio de 18 años está pasando por un momento tenso. Mi esposo es un hincha acérrimo de la “U”, de esos que viven y mueren por su camiseta, mientras que a mí el fútbol nunca me ha quitado el sueño.
Pero todo cambió desde que me fijé en Pablo Guede, el técnico de Alianza Lima, porque me parece un hombre sumamente atractivo. Ese gusto culposo me ha traído serios problemas en casa. Mi marido ha notado mis suspiros y mis comentarios sobre lo bien que se ve el entrenador argentino, y eso ha herido profundamente su orgullo de hincha crema.
La situación explotó cuando le pedí que me lleve al clásico que se jugará en dos semanas, porque mi única intención es poder ver a Guede de cerca. Gabriel se puso furioso y me dijo que es una falta de respeto querer ir al estadio para admirar al “enemigo” en lugar de ir a alentar al equipo de toda su vida. Hemos tenido peleas horribles porque él siente que mi admiración por ese hombre es una traición a su pasión futbolística.
Yo solo quiero disfrutar de un espectáculo y ver a alguien que me parece guapo, pero para mi esposo eso es una ofensa imperdonable que está dañando nuestra relación. ¿Está mal que me guste el técnico del equipo rival o es que mi marido está exagerando por su fanatismo? No sé cómo llevar la fiesta en paz.
CONSEJO
Querida Cecilia, debes entender que para un hincha fanático su equipo es sagrado, pero eso no justifica que tu matrimonio se convierta en un campo de batalla por un gusto platónico. Conversa con Gabriel recordándole que él es el hombre de tu vida, aunque también sería prudente evitar comentarios innecesarios para recuperar la armonía conyugal. Suerte.




