Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Marcela, de 30 años, que nos escribe desde Comas.

Doctora, Magaly. Tengo 30 años y hace un mes iba a casarme. Todavía me cuesta escribirlo sin sentir un nudo en la garganta. Tenía todo listo: mi vestido, el lugar, los invitados… hasta los pagos adelantados. Estaba viviendo lo que siempre soñé, segura de que estaba con el hombre correcto.

Pero una noche todo se rompió.

Me dijo que necesitábamos hablar. Y en cuestión de minutos, mi vida cambió. Me dijo que no estaba listo, que sentía que el matrimonio era un paso muy grande, que tenía dudas… dudas que nunca me dijo antes.

¿Cómo alguien puede esperar hasta el último momento para decirte eso?

Yo le entregué todo. Mi tiempo, mis planes, mi confianza… mi cuerpo. Construí un futuro a su lado sin imaginar que él, en silencio, ya estaba retrocediendo.

No solo tuve que cancelar una boda. Tuve que enfrentar la vergüenza, las preguntas, el dolor de explicarle a todos que ya no había “nosotros”. Pero lo peor fue aceptar que mientras yo estaba segura, él no lo estaba.

Me sentí engañada. Usada. Reemplazable.

Hoy hay días en los que me siento fuerte, en los que pienso que tal vez me salvé de casarme con alguien que no estaba completamente seguro de mí. Pero también hay noches en las que lloro por todo lo que soñé y no pasó.

Aun así, estoy intentando entender algo…Que quedarme con alguien que duda de mí, también era una forma de perderme.

Y esta vez… me estoy eligiendo a mí.

Pero hay algo que todavía me duele aceptar… que mientras yo ya era su esposa en mi mente y en mi corazón, él aún no estaba seguro ni de quedarse.

Y eso, más que la ruptura, es lo que me rompe… darme cuenta de que amé a alguien que nunca estuvo tan seguro de mí como yo lo estuve de él.