Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Lorena, de 36 años, del distrito de Pueblo Libre.
Doctora Moro, lo que procederé a contarle puede parecerle cómico, pero desearía que tome mi dilema con seriedad, porque para mí es demasiado importante.
Yo soy una chica que cree ciegamente en los signos zodiacales y en las características que guarda cada uno de ellos. A pesar de que una vez leí que quienes creen en la astrología serían menos inteligentes, para mí este tema es de suma importancia.
Además, doctora, yo me he tomado el tiempo de analizar a mi entorno cercano y, efectivamente, son muy bien descritos por su signo. Por otro lado, una vez quise ir en contra de mi intuición y decidí confiar en un Géminis; no sabe lo mal que me dejó esa relación.
No es mentira cuando dicen que los Géminis un día te aman y al otro no quieren verte, que son doble cara, mentirosos, tramposos y no muestran su verdadera personalidad. Por eso son el signo más odiado del Zodiaco.
El asunto es que, a pesar de que siempre he huido de ellos, estoy ciegamente enamorada de un chico Géminis. Intenté de mil formas que eso no ocurriera, pero el destino lo ha puesto en mi camino. Piero es diferente, posee una personalidad que me desconcierta, es encantador.
Yo quisiera darme una oportunidad con él; por eso le he preguntado su fecha de nacimiento para conocer su ascendente, pero dice que no sabe. He insistido, pero la última vez se molestó. Señora Moro, ese hombre me encanta, ¿qué hago? Tengo miedo de que otra vez me dejen traumada.
CONSEJO
Estimada Lorena, el problema no es que sea Géminis, sino el miedo que te dejó una relación pasada. La astrología puede guiar, pero no reemplaza lo que ves y sientes hoy. Observa los hechos: coherencia, respeto y calma. Ve despacio, sin interrogatorios. Confía en tu intuición actual, no en el trauma antiguo. Si algo no cuadra, aléjate a tiempo; si suma, permítete intentar.




