Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Silvana de 50 años, que nos escribe desde Chorrillos.
Doctora Magaly, siento que estoy a punto de colapsar. Aunque llevo 25 años de casada, recién ahora me está molestando demasiado que mi marido deje todo a medias. Antes podía tolerarlo, pero últimamente pierdo la paciencia cada vez que veo que no termina de pintar la fachada de la casa, deja el ventilador desarmado o empieza a reparar una puerta y la abandona sin colocar las piezas en su sitio.
La situación se repite con todo. Puede sacar herramientas para arreglar una tubería y dejarlas tiradas durante días, comenzar a ordenar el depósito y terminar dejando más desorden del que había o prometer que cambiará una repisa para luego olvidarse del asunto. Al final, la casa parece un taller y yo tengo que convivir con trabajos inconclusos que nadie sabe cuándo terminarán.
Lo peor es que cada vez me cuesta más controlar mi carácter. Basta con encontrar otra cosa abandonada para que empiece una discusión. Después me siento mal por haber reaccionado así, pero al poco tiempo vuelve a ocurrir lo mismo. No quiero que estos pequeños problemas terminen destruyendo la tranquilidad que hemos construido durante tantos años de matrimonio.
Doctora, ¿cómo puedo hacer que mi marido comprenda que no se trata de una simple manía mía? No quiero pasar el resto de mi vida peleando por reparaciones pendientes ni convertirme en una mujer amargada.
CONSEJO
Estimada Silvana, después de tantos años, es posible que tu paciencia se haya agotado por la acumulación de pequeñas molestias. Evita asumir toda la responsabilidad. También pregúntate si hay otras tensiones que están aumentando tu irritabilidad. La convivencia requiere acuerdos y compromiso de ambos, no que uno tenga que recordar siempre lo que el otro deja sin terminar.




