Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Adriana, de 42 años, del distrito de Comas.
Doctora, no quisiera sonar desconfiada ni exagerada, pero hay algo que me incomoda desde hace meses y no logro sacármelo de la cabeza. Mi esposo se muestra demasiado atento con mi cuñada, la esposa de mi hermano. No es un gesto aislado ni una cortesía ocasional: es una actitud constante que me deja inquieta y con una sensación amarga difícil de explicar.
Francia tiene 25 años, es joven, risueña y llama la atención sin proponérselo. Mi hermano se casó con ella hace poco más de un año y, tras reconciliarnos, empezamos a compartir más reuniones familiares. Desde entonces, noto que mi marido se adelanta a servirle, la escucha con especial interés, celebra cada cosa que dice y busca sentarse a su lado. Todo ocurre delante de mí, como si no hubiera nada raro.
Al principio intenté restarle peso. Me repetía que era educación, que yo estaba imaginando cosas. Pero con el tiempo, esa amabilidad selectiva empezó a doler. Me descubrí comparándome, preguntándome si yo había dejado de despertar algo en él, si mi presencia se había vuelto invisible frente a la frescura de alguien más joven.
Lo que más me confunde es que, cuando estamos solos, él actúa como si nada pasara. Niega cualquier intención y dice que exagero. Sin embargo, cada encuentro familiar me deja tensa, vigilante, con una mezcla de celos y tristeza que no quiero seguir acumulando. No sé si hablarlo de frente, callar para evitar roces o aceptar que algo dentro de mí ya se quebró.
CONSEJO
Adriana, lo que sientes no nace de la nada. Cuando una conducta se repite y genera malestar, merece ser nombrada. No se trata de acusar, lo que debes hacer es describir lo que observas y cómo te afecta. Si él minimiza tu sentir o se burla, el problema deja de ser la cuñada y pasa a ser la falta de cuidado hacia ti. Tu incomodidad también necesita espacio.




