Magaly Moro |

Enrique (24 años, San Miguel). Doctora, sé que mi caso le puede sonar gracioso, pero le juro que ha llegado a afectar mi relación con Silvana, la chica que por tanto tiempo pretendí y que se convirtió en mi enamorada pocos meses atrás.

Silvana es linda, educada y tranquila. Yo le digo de cariño “mi muñequita de porcelana”, pues su delicadeza me dejó embelesado desde la primera vez que la vi caminando por el parque de mi cuadra. No obstante, empiezo a creer que es demasiado delicada para mi gusto. Ahora le cuento por qué.

Mi chica es demasiado exquisita con todo lo que le ofrezco, doctora; siempre tiene un “pero” en la boca, especialmente cuando se trata de comida. Por ejemplo, no le gusta comer chifa, ni comidas grasosas, ni tampoco nada que tenga pescado. Incluso, me ha dado un listado de los restaurantes gourmets que sirven la comida que a ella le agrada. Por supuesto, todos los platos cuestan un ojo de la cara y yo rico no soy.

Hace poco la invité a comer para celebrar nuestro tercer mes como pareja. Como sabía que ella es medio especial con la comida, opté por irme a lo seguro: almorzar en una pollería. O sea, ¿a quién no le gusta un pollito a la brasa con todas sus cremas? Sin embargo, Silvana hizo un gesto de asco cuando vio su cuarto de pollo, parte pierna, en la mesa.

Su reacción me arruinó por completo la tarde. Jamás creí conocer a alguien que no le gustara el plato bandera del Perú. Ese día me comí el medio pollo solo, y desde entonces pienso en terminar nuestra relación. ¿Usted piensa que es correcto?

Ojo al consejo

Querido Enrique, por lo que leo no creo que tu relación tenga buen futuro. Es evidente que Silvana y tú tienen diversas diferencias; sin embargo, creo que pueden superarlas si deciden trabajar como equipo.

Sé sincero con tu chica y pónganse de acuerdo para que ambos estén felices con lo que desean comer. Pero si sientes que eso no llega a funcionar, da un paso al costado. Suerte.

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