Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Diego de 34 años, que nos escribe desde San Miguel.
Diego (34 años, San Miguel). Doctora Magaly Moro, ni yo puedo creer lo que estoy a punto de contarle, pero los celos que siento tienen cuatro patas y se llaman Abuelo. Es el gato de Mariana, mi novia, y últimamente siento que compito con él por su atención. Cada vez que intento abrazarla, él empieza a maullar y ella inmediatamente lo carga. Si me acerco cuando está con él, incluso intenta arañarme. Sé que puede sonar ridículo, pero la situación ya me está cansando.
En la cama tampoco tengo escapatoria. Cuando me quedo a dormir en su casa, el gato termina enroscado entre sus brazos y yo quedo a un lado. Mariana dice que es su costumbre y que tenga paciencia porque siempre ha dormido con ella. Yo trato de entenderlo, incluso he querido ganarme el cariño de Abuelo, aunque no lo he conseguido. Es demasiado huraño conmigo.
También tenemos otro problema. Cuando voy a su casa, prácticamente nunca podemos cerrar la puerta del dormitorio porque Mariana dice que el gato se pone nervioso y comienza a llorar si no puede entrar. No me parece normal que ni siquiera podamos estar tranquilos como pareja, pero ella me responde que no puede hacer sufrir a su mascota por nuestra relación.
Doctora, ¿estoy siendo demasiado celoso o Mariana debería poner algunos límites con su mascota? Yo la amo, pero tampoco espero acostumbrarme a una relación en la que no podemos tener un momento de intimidad.
CONSEJO
Diego, no necesitas competir con el gato ni pedirle a Mariana que deje de atenderlo. El punto que debes conversar con ella es otro. Una mascota puede formar parte de la convivencia, pero una pareja también necesita su espacio. Si cada intento de poner límites termina siendo rechazado, entonces analiza si el problema es el gato o los acuerdos que deben establecer.




