Artesano de corazón
Artesano de corazón

Michael Huamaní

jhuamani@grupoepensa.pe

Desde que José Rubio Díaz tenía 11 años, sus manos solo crean arte. En cuestión de minutos, logra convertir la cerámica en esculturas de animales, las piedras naturales en collares o pulseras, y el engrudo en máscaras de sobresalientes colores. Su destreza en la artesanía y la bisutería es hereditaria, asegura, pues su abuela invertía gran parte de su tiempo en hacer ollas de barro. Estas tradicionales piezas son ahora los mejores productos que vende el hombre de 53 años.

Arte en las venas. Desde pequeño a José le gusta elaborar con sus propias manos todas las cosas que observa, desde cadenas hasta esculturas.

Al principio, dice, era sumamente trabajoso; sin embargo, poco a poco logró perfeccionarse. “Todo es posible con dedicación, ingenio y sobre todo paciencia”, comenta.

Ahora, después de cuatro décadas, sigue haciendo lo mismo, pero el resultado es mucho mejor. “La idea es satisfacer a mis clientes dándoles productos de mejor calidad y con diseños diferentes”, señala.

Para producir una escultura, el artesano solo necesita quince minutos y componentes como cerámica, arena fina y caolín (arcilla blanca).

Los pasos siguientes tienen como protagonistas a sus manos. “Amasar, moldear y decorar, así es el proceso”, menciona como si se tratase de un trabajo sencillo.

Comerciante. José vive y tiene su taller en Cajamarca, pero visita la capital cada vez que tiene la oportunidad de ofrecer sus productos a un público más variado.

Desde diciembre se encuentra en la Feria de los Deseos, instalada por Navidad y Año Nuevo en el Campo de Marte, en Jesús María.

“Llevo 19 años participando en este gran evento. Me escogieron por mi trabajo y tengo la oportunidad de mostrar mi arte”, refiere.

En su pequeño puesto ofrece las tradicionales máscaras que ponen color a los carnavales de su tierra. Por ser el año del mono, tampoco faltan las esculturas, alcancías, adornos y llaveros con forma de este animal.

Las ollas de barro rodean su comercio y sus colores saltan a la vista de los visitantes. “Siempre es lo que más vendo, no solo por su precio módico, sino también porque la gente reconoce el trabajo”, acota.