La fortuna de los Fefer está valorizada casi en tres millones de dólares y para llegar a manos de Eva Bracamonte tuvieron que pasar más de 15 años y un intento de parricidio. Enrique Fefer Rotstain, patriarca judío de la familia, amasó su fortuna en los años 90 gracias al negocio inmobiliario.
Del cien por ciento de su herencia, el abuelo decidió darle un tercio a su nieta Eva Bracamonte, quien podía disponer del dinero cuando cumpliera la mayoría de edad, y los otros dos tercios se distribuyeron en partes iguales entre sus hijos: cuatro Fefer Herrera y Myriam Fefer Salleres. Enrique Fefer dio la mayor parte de su herencia a Eva porque Myriam fue acusada de querer asesinarlo.
En la actualidad, y según consta en la notaría Reyes Tello, los Bracamonte Fefer son propietarios de tres mil metros cuadrados en el ex fundo La Chalaca, en la cuadra cuatro de la avenida Néstor Gambetta; un inmueble en la Cooperativa 27 de Abril, en Ate; un depósito bancario en el IDB de Estados Unidos, y el 7,78 por ciento de acciones de la empresa Sideral. Las primeras propiedades se quedaron con Ariel y las últimas con Eva.
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