Las tradicionales roscas de muerto
Las tradicionales roscas de muerto

La región Piura es una tierra llena de tradiciones y una de estas costumbres ancestrales, que perduran con el tiempo aunque con algunas variaciones, es recordar a los niños fallecidos en la fiesta de “Todos los Santos”, que se celebra el 1 de noviembre.

Esta fecha es vivida de diferentes maneras y con mucha fuerza por los pobladores del Bajo Piura, especialmente en el distrito de La Arena. Una forma de celebrarla, como complemento del homenaje que los padres le tributan a sus hijos fallecidos en su tumba, es regalar las roscas de muerto y los angelitos, acompañados de la deliciosa miel.

Obsequio. Según la tradición, son los padres de los niños fallecidos quienes reparten entre los pequeños las roscas de muerto y los angelitos. Estos últimos son un grupo de dulces: alfajores, suspiros, dulces de camote, rosquitas azucaradas, entre otros.

Esta tradición que encontró don Manuel Ántero Sosa Flores (89 años) en su natal Catacaos le permitió ser ubicado en un lugar muy importante en la denominada “Capital Artesanal y Turística de Piura”.

Cuenta don Ántero Sosa que por estas fechas elabora cerca de 14 mil unidades de roscas, que son rápidamente consumidas por miles de piuranos que encuentran en este producto una manera de simbolizar su costumbre.

Sin embargo, no solo los piuranos son los clientes cautivos de don Ántero, el sabor de sus roscas de muerto ha trascendido las fronteras de Piura y desde hace buen tiempo son muy solicitadas por la gente de otras regiones del país.

Trabajo familiar. A sus 89 años, don Ántero (quien se estableció en el año 61 en la calle Mariano Díaz de Catacaos) prepara las roscas al lado de sus hijos Walter y Arturo. Cuando apenas tenía nueve años dejó su amado Narihualá y a sus queridos padres, quienes se dedicaban a fabricar sombreros de paja toquilla, para viajar a Chiclayo y trabajar en las labores agrícolas en la hacienda Capote, inquietado por un amigo. Después de muchos años, la providencia lo llevó a una panadería, en donde comenzó a trabajar como ayudante y después ascendió a jefe.

Cuando tenía 19 años retornó a su tierra y se estableció como panadero, luego de conocer a Margarita Mejía Mendoza, quien es su compañera y la madre de sus ocho hijos. Un día se dio cuenta de que las roscas de muerto se vendían como pan caliente, se puso a elaborarlas con mucho empeño agregándoles su toque particular. El resultado fue un producto del agrado de los cataquenses y piuranos que acudían a su casa para adquirirlas.

“Un día, mirando lo que se vendía en estas fiestas, vi que las roscas se vendían bien. Y como no era cosa del otro mundo, comencé a hacerlas para después mejorarlas poco a poco con la ayuda de mi esposa y de mis hijos. Ha sido muy lindo hacer bien el trabajo para que al público le caiga bien por su sabor agradable, por eso la gente las compra”, nos contó don Ántero Sosa.

Además de la dedicación que le pone al elaborar y darle forma a cada rosca, don Ántero nos dice que la harina, los huevos, manteca, azúcar, sal y la levadura son agregados en su momento exacto para que tengan ese sabor característico.