Cuando alguien de la familia tiene obesidad, muchas veces la preocupación lleva a vigilar cada cosa que come. Aparecen frases como “eso no deberías comer”, “sírvete menos” o “tienes que bajar de peso”. Aunque exista buena intención, sentirse juzgado puede hacer más difícil el cambio.
La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. No se explica simplemente por falta de voluntad, ya que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.
Si es tu caso, cambia el control por acompañamiento. En lugar de preguntarle cuánto bajó, pregúntale qué cambio le resultaría posible esta semana. También pueden hacerlo en familia, caminando después de cenar, teniendo agua disponible, cocinando más en casa o dejando alimentos saludables al alcance de todos.
Evita convertir cada comida en una evaluación y reconoce avances que no aparecen en la balanza.
Si realmente quieres ayudar, no seas la policía de su plato. Facilita un entorno donde tomar mejores decisiones resulte más sencillo.




