No todo lo que “ayuda a ir al baño” es necesariamente saludable. Un laxante suele identificarse porque promete alivio rápido o un efecto inmediato. Si provoca urgencia, cólicos o diarrea, no está regulando el intestino, solo forzándolo.
Existen varios tipos de laxantes. Los estimulantes, como sen o cáscara sagrada, irritan el colon; los osmóticos, como lactulosa o sales de magnesio, atraen agua al intestino; y los lubricantes, como el aceite de ricino o mineral, facilitan el paso de las heces. Su uso frecuente puede generar dependencia, alterar los líquidos y electrolitos, e incluso empeorar el estreñimiento a largo plazo.
El método sano y sostenible consiste en educar al intestino en lugar de estimularlo. Esto se logra mediante una dieta rica en fibra natural, buena hidratación, actividad física diaria y una rutina regular de evacuación. La fibra regula el tránsito, nutre la microbiota y mejora la digestión sin causar dolor ni urgencia.
TE PUEDE INTERESAR:
Comer para vivir: ¿Qué es levadura nutricional?
Comer para vivir: ¿Es recomendable consumir alpiste?
Comer para vivir: ¿La betarraga baja la presión?