Al cortisol se le conoce como la hormona del estrés, porque es la hormona que el cuerpo libera cuando estamos bajo presión, ya sea física o emocional. Se produce en las glándulas suprarrenales y se activa para ayudarnos a reaccionar, ya que sube la glucosa en sangre, nos da energía rápida y mantiene la presión estable. Es necesaria para sobrevivir a momentos de alerta.
El problema aparece cuando el estrés es constante. Un cortisol elevado por mucho tiempo puede afectar el sueño, aumentar el hambre (sobre todo por dulces), favorecer la grasa abdominal y debilitar las defensas.
¿Afecta igual a hombres y mujeres? No del todo. Las mujeres suelen ser más sensibles a sus cambios, porque el cortisol interactúa con hormonas como los estrógenos y la progesterona, especialmente en etapas como la menopausia.
Por eso, manejar el estrés también es cuidar hábitos como dormir bien, moverse y comer mejor para mantener esta hormona bajo control.




