Sara Abu-Sabbah 

La lonchera no es solo “relleno” del día, también es energía estratégica. Un niño pasa muchas horas en el colegio y su cerebro consume glucosa de forma constante. Si la lonchera incluye solo galletas y jugos azucarados, se producen picos y caídas de energía, menor concentración y más hambre desordenada.

El ABC es simple. A de alimento base, algo que realmente nutra, como pan integral con huevo, queso o pollo, yogur natural o frutos secos según la edad. B de balance, incluir fruta fresca y agua, ya que la fruta aporta fibra, vitaminas y volumen, mientras que el agua hidrata mejor que cualquier bebida “de cajita”. C de calidad, reducir ultraprocesados y optar por comida real. Leer las etiquetas ayuda a elegir mejor, porque si la lista de ingredientes es muy larga y con nombres difíciles, lo mejor es buscar otra opción.

No se trata de perfección, sino de constancia. Una lonchera equilibrada mejora la energía, la atención y el rendimiento, siendo una inversión diaria en salud y aprendizaje.

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