La inflamación es una respuesta natural del cuerpo para defenderse. Por ejemplo, cuando hay una infección o una herida, el sistema inmune se activa para reparar el daño. Sin embargo, cuando esa reacción se mantiene encendida todo el tiempo y de forma silenciosa, se le llama inflamación de bajo grado.
Diversos factores de la vida moderna pueden favorecerla, como el exceso de grasa corporal, poco movimiento, dormir mal, estrés crónico y una dieta rica en ultraprocesados y azúcares.
Con el tiempo, esta activación permanente puede afectar distintos órganos y se ha relacionado con enfermedades como diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares, obesidad y algunos trastornos metabólicos.
La buena noticia es que también puede reducirse. Comer más frutas, verduras, legumbres, pescado, frutos secos, dormir bien y moverse diariamente ayuda a que el cuerpo vuelva a un estado de equilibrio.




