Cuando un análisis muestra homocisteína elevada, el cuerpo está enviando un mensaje importante. La homocisteína cumple una función útil dentro del organismo. Es un intermediario metabólico que aparece cuando el cuerpo utiliza la metionina, un aminoácido presente en los alimentos con proteína. Gracias a este proceso se forma el SAMe (S-Adenosil-L-Metionina), un compuesto natural del cuerpo formado por el aminoácido metionina y ATP. Es una molécula esencial para la energía celular, el equilibrio emocional, la producción de neurotransmisores, la regulación hormonal y la detoxificación hepática.

Una vez que el SAMe realiza su labor, se transforma en homocisteína. En condiciones saludables, esta molécula sigue dos rutas positivas: reciclarse nuevamente a metionina o convertirse en glutatión, el antioxidante más importante del cuerpo.

El problema surge cuando este tránsito se vuelve lento y la homocisteína comienza a acumularse. Una homocisteína elevada puede generar inflamación interna y se asocia a mayor riesgo cardiovascular, rigidez de los vasos sanguíneos, alteraciones cognitivas, fatiga persistente, desequilibrios del estado de ánimo y mayor estrés oxidativo. También refleja que los sistemas de metilación y detoxificación están con sobrecarga

Las causas más frecuentes incluyen déficit de vitamina B12, B9 y B6, nutrientes clave para que estas rutas funcionen con fluidez. Los problemas digestivos o intestinales dificultan la absorción de estos micronutrientes. La sobrecarga hepática, el estrés crónico y una alta demanda metabólica también influyen.

Aquí el magnesio cumple un rol fundamental. Este mineral actúa como cofactor en cientos de reacciones enzimáticas, incluidas las relacionadas con la metilación, la producción de energía y la respuesta al estrés. Un buen nivel de magnesio ayuda a que las vitaminas del complejo B se utilicen mejor y favorece que la homocisteína siga su camino natural hacia el equilibrio.

TE PUEDE INTERESAR: