¡Habla, sobrino! Uno pasa por el grifo y la escena parece sacada de otra época: filas largas, carros apagados y choferes esperando con paciencia. Se trata de gente tratando de asegurar el combustible que le permite salir a trabajar.
Como seguro ya sabes, sobrino, hubo un incidente en el ducto de transporte de Camisea que obligó a restringir temporalmente el suministro de gas natural. El Estado ha decidido priorizar el abastecimiento para transporte público masivo y hogares. El problema es que miles de conductores que dependen del GNV para trabajar quedan en el limbo, sin saber cómo abastecerse.
Y cuando el gas falta, la única salida suele ser la gasolina. Ahí viene el golpe: un conductor que normalmente gasta S/600 al mes con GNV puede terminar pagando más de S/2,100. Es decir, más de S/1,500 adicionales solo para seguir chambeando.
Así de simple, sobrino. Uno sabe que, para quien vive el día a día, ese cambio no es menor. Puede significar más horas al volante, menos ingreso o incluso dejar el carro parado algunos días.




