¡Habla, sobrino! En nuestro país, donde las instituciones tiemblan con cada noticia, hay una que se ha mantenido firme. Hablo del Banco Central, que, pese a todo, sigue enfocado en lo suyo: que nuestra moneda no se desplome y que los precios no se disparen.

¿Y cómo lo hace? Con independencia. Eso significa que no sigue órdenes del gobierno de turno ni acomoda sus decisiones para quedar bien con nadie. Su única tarea es mantener la estabilidad del sol. Y eso, sobrino, ha hecho que tengamos una de las monedas más fuertes de la región.

Por eso, cuando aparecen ideas de “darle otro rumbo” o de usar sus reservas, uno recuerda los años 80, cuando se sacaba dinero de la maquinita como si nada y la inflación se llevó el sueldo, los ahorros y hasta la paciencia. Ese desastre no fue gratis, sobrino. Costó décadas recuperar la estabilidad y la credibilidad del Banco Central. Así que cuidado con lo que suena bonito pero huele a humo

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