¡Habla, sobrino! Nuevamente, Petroperú está en la boca de todos. Hace 4 años la empresa comenzó a perder dinero y el Estado ha tenido que inyectarle más de S/ 25,300 millones para que continúe operando. Ya te imaginarás los cientos de colegios, hospitales o comisarías que pudimos haber construido con esa plata.

La cosa preocupa más porque ni operando logra ganar dinero. O sea, el problema no es solo la deuda. El negocio mismo anda mal. Y mientras la Refinería de Talara costó cinco veces más de lo pensado, la empresa sigue funcionando a media máquina. Para colmo, sobrino, cambian de directores y gerentes a cada rato. Así, nadie arma un plan serio ni sabe para dónde va el barco.

Acá nadie dice que el Perú no necesite energía. Pero seguir salvando a Petroperú sin poner orden ya parece un barril sin fondo. Porque cuando la política manda más que la eficiencia, el que termina pagando los platos rotos es el ciudadano de a pie. ¡Y eso ya cansa, sobrino!