El éxito en el regreso a clases depende en gran medida de uno de los pilares biológicos que muchas veces se pasa por alto: el sistema visual. Según la Asociación Americana de Optometría (AOA), el 80% de la información que un estudiante procesa para aprender, llega exclusivamente a través de los ojos. Sin embargo, en un entorno cada vez más digitalizado, esta “puerta de entrada” al conocimiento está comprometida para miles de niños en el Perú, afectando no solo su salud, sino su capacidad de competir en igualdad de condiciones en el aula.
De acuerdo con cifras proyectadas al 2026 por el Instituto Nacional de Oftalmología (INO) y EsSalud, el 40% de la población escolar presentaría algún error de refracción como miopía, o astigmatismo. En zonas urbanas, el panorama es aún más crítico: se estima que 7 de cada 10 niños ya requieren algún tipo de corrección o medidas de higiene ocular. Este incremento está directamente ligado a la “miopía digital”, un fenómeno acelerado por la exposición prolongada a pantallas y la drástica reducción de horas de recreación al aire libre, factores que alteran el crecimiento natural del ojo y su capacidad de enfoque.
Ante este escenario, la Dra. Marleni Mendoza, médico oftalmóloga y asesora científica de Laboratorios Lansier, señala que este fenómeno está creando una generación de niños que “fallan en silencio” en las aulas. “La ciencia es clara, si la imagen que llega a la retina no es nítida, el cerebro debe destinar una enorme cantidad de energía al músculo ciliar para intentar compensarlo. Esto genera fatiga visual que puede manifestarse como irritabilidad y bajo rendimiento; el niño deja de prestar atención no por falta de voluntad, sino porque su sistema visual está en sobrecarga”, explica la especialista.
La experta destaca que la salud visual no es solo “ver nítido”, sino tener la capacidad de sostener ese esfuerzo durante las 6 u 8 horas de la jornada escolar. Estudios de ergonomía visual de 2025 indican que un estudiante con fatiga ocular no tratada puede perder hasta 45 minutos de concentración efectiva por cada hora de clase. Además, la falta de parpadeo frente a dispositivos digitales genera sequedad ocular y es capaz de inducir visión borrosa de forma intermitente, afectando la fluidez lectora.
Para evitar que un problema de salud visual se convierta en una brecha en el aprendizaje, la especialista sugiere observar estos comportamientos:
- Fatiga Ocular: El niño se frota los ojos constantemente o presenta enrojecimiento al terminar sus tareas.
- Cefaleas frontales: Dolores de cabeza frecuentes después del horario escolar, provocados por el esfuerzo constante de acomodación que exige un defecto de visión no corregido..
- Posturas compensatorias: Inclinar la cabeza hacia un lado o cerrar un ojo para leer. Podría indicar que el cerebro está intentando usar el ojo con menor error refractivo.
- Aproximación excesiva: Acercarse demasiado a los libros o pantallas. Es el síntoma clásico de la miopía, donde el plano de enfoque se ha desplazado.
- Dificultad de seguimiento: Saltar líneas al leer o perder el rastro del texto. La mala visión impide que los ojos se muevan de forma coordinada, impactando en la comprensión.
Finalmente, la especialista enfatiza que el tamizaje visual debe ser considerado el primer “útil escolar” de la lista. “El 80% de los problemas visuales en niños son detectables si se actúa a tiempo.
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