Por: Magaly Moro
magalymoro@grupoepensa.pe
Joan (26 años, Villa María del Triunfo). Querida doctora, le escribo para confesarle que mi infidelidad ha sido descubierta y no sé qué hacer porque aún amo a mi esposa.
Me casé hace un par de años porque Marylin quedó embarazada y yo quería que todo sea bueno en esta etapa de mi vida, lamentablemente no resultó así. Ella tuvo depresión posparto y eso complicó nuestra relación, no trato de justificarme, pero eso sucedió.
Luego todo fue en caída. Nos mudamos a casa de mi suegros para que ellos nos ayuden en la crianza de Abril, debido a que los dos trabajábamos. Mala idea, ellos nos trataban peor que a niños. Todo fue una pesadilla, así que ahorramos y decidimos alquilar un lugar por el Centro de Lima.
Con esa acción me gané el odio de mi familia política, pues me acusaban de alejar a mi esposa y ella comenzó a sentir lo mismo. No voy a negar que esas suposiciones me aturdieron hasta el punto de no querer estar en casa. Una de esas tardes conocí a Luciana, una vecina de la quinta, con la que congenié rápidamente.
Al inicio ella solo escuchaba mis problemas, mis tristezas por mis sueños truncos, pero luego comenzamos a encontrarnos en un bar y los sentimientos fluyeron.
Nada fue planificado, pero cada tarde antes de ingresar a mi casa la veía hasta que luego de seis meses mi esposa nos encontró besándonos en la entrada de la quinta. Marylin me botó de la casa y ahora desea el divorcio, pero yo no lo firmo, pues no quiero perderla.
OJO CON ESTO:
Querido, tu engaño ha sido un golpe que difícilmente una mujer puede superar. Acepta la decisión de tu esposa y preocúpate por tu hija.
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