Casos del corazón: Me gusta que mi vecino me vea
Casos del corazón: Me gusta que mi vecino me vea

RAQUEL (27, Breña). Realmente no sé qué me pasa, doctora. Un chico de mi barrio me come con la mirada y en vez de sentirme molesta o fastidiada, me encanta que vea mis curvas, que se deleite conmigo y me desnude con los ojos. Desde que lo sorprendí mirándome las piernas cuando tendía la ropa en el patio de mi casa, quedé estupefacta.

El chico que vive en el edificio contiguo a mi casa y que estudia informática en la universidad, tiene justo su sala de estudios abajo de mi tendedero y lo sorprendí viéndome extasiado cuando colgaba la ropa. Al principio me dio risa, pero después sentí que sus ojos acariciaban mi piel, me estremecía y era como una suave brisa que se deleitaba conmigo. Yo pensé que eso iba a quedar como una anécdota, cuando a los pocos días, al ir al mercado ataviada en un cortísimo short y bividí por el calor, lo encontré en el camino y quedó boquiabierto contemplándome, admirando mis curvas.

No sé por qué, doctora, me encantó la forma cómo quedó perplejo ante mí y cómo miró todo mi cuerpo. Habrán sido cinco segundos, pero para mí fue una eternidad. Sus ojos fueron manos que iban y venían por mi ser, tocándome, acariciándome, conquistando mi cuerpo centímetro a centímetro.

Esa noche soñé con él, conquistándome, tomándome entre sus brazos, haciéndome suya y logrando que me estremeciera totalmente. El chico, unos cuatro años menor que yo, tiene una enamorada por lo que me he podido enterar, es muy noble, entusiasta y juega fútbol con los amigos del barrio.

Por eso fui a verlo jugar un domingo, ataviada en una minifalda estrecha y corta. Apenas me vio, nuevamente sentí que su mirada me estremecía, me impactaba y hacía que me derritiera por él. Sandro, como se llama, olvidó la pelota tan solo para contemplar mi figura, admirado y embelesado con mi piel suave, con mis curvas sinuosas, mis cabellos largos, lacios y negros, y toda mi belleza. Me encanta eso. No sé si estoy interesada en él o simplemente es un capricho o una situación pasajera, pero le digo que me encanta que me vea, que me admire y descubrir en sus ojos que me desnuda ávido de tenerme entre sus brazos. Ayúdeme, doctora, para saber qué es lo que realmente pasa conmigo.