Por lo que he descubierto, son muchísimas las ocasiones que una tal Alejandra ha estado mandando mensajes de texto a mi esposo, incluso subidos de tono, hasta con doble sentido, lo que me tiene no solo sorprendida sino perpleja, sin saber a qué atenerme.
Lo peor, doctora, es que esta infidelidad la descubro en el mejor momento de nuestra relación, cuando estábamos haciendo planes para un viaje a provincia para divertirnos y cuando yo pensaba que mi dicha era completa.
Incluso, doctora, hasta momentos antes de hallar los mensajes de texto, yo me decía que había tenido suerte en encontrar a Herbert, porque es maravilloso, tierno, dulce conmigo además de trabajador, siempre optimista, divertido y muy centrado.
Pero de repente, en un santiamén, todo se ha derrumbado ahora que he descubierto lo de sus amoríos con la tal Alejandra que, por lo que veo, se conocen buen tiempo, al extremo de decirle adjetivos como “tesoro”, “papito”, “mi chulo”, lo que me pone recontracelosa y al borde de estallar iracunda.
Por eso, doctora, espero que me brinde un buen consejo para saber qué hacer. Yo pienso que debo dejarlo, mandarlo a rodar, pero también considero que me merezco una explicación y también me carcome la curiosidad de cómo se conocen, cuánto tiempo me vienen apuñalando y si es que la quiere más a ella que a mí.

:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/KS3QJ3UDNFG7PGQEPOPVQAKO44.jpg)


