Alfredo (Chorrillos, 35). Doctora, he cometido errores desde muy joven; sin embargo, nunca pensé que una falta a temprana edad regresaría para poner en riesgo mi relación.
La semana pasada mi novia insistió que era momento de conocer a su familia. Pese a inquietarme un poco la situación, acepté la invitación de ir a su casa.
A mi llegada, Ana, mi enamorada, me presentó a sus padres y a su hermana menor. Grande fue mi sorpresa al ver que esta última persona, que con odio me miraba, era nada más y nada menos que la niña que desde muy pequeño me gustaba y a quien le hice bullying en algunas ocasiones.
Sucede que cuando me encontraba en quinto año de primaria conocí a Marlene durante la salida, cuando vi que estaba algo desorientada tras su primer día en el colegio. En son de broma noté su listón rojo encendido y con caritas de perritos, elemento que sus compañeros no pasaron desapercibido.
Si bien pensé que el problema no llegaría a mayores, yo, de 12 años, vi cómo la niña era señalada por sus compañeros, hasta el punto de llorar en dos ocasiones.
Sé que mi actitud en aquel entonces fue reprochable, pero no pude disculparme porque la niña se cambió de colegio meses después. No sé si Marlene aún me recuerda, pero tengo miedo de que Ana lo descubra, me abandone por pensar que soy un mal y agresivo tipo.
¿Qué puedo hacer, doctora? No creí que me volvería a cruzar con Marlene y menos en la casa de mi novia, que es su hermana.

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