RENZO (34, Independencia). No es que me sienta orgulloso de mis hazañas, por el contrario, estoy preocupado por esta extraña racha que me viene persiguiendo. Yo jamás pensé involucrarme con una mujer casada, pero en los últimos seis meses he estado saliendo hasta con tres muchachas que tienen su compromiso y hay una cuarta en lista de espera.
Las coincidencias han sido, además, demasiado curiosas. Por ejemplo, cuando salí con Andrea, quien lleva dos años de matrimonio, la historia comenzó la vez que llevó su auto a la factoría donde trabajo. En medio de mis labores me inició conversación y, de repente, al momento que su carro estuvo listo, ella mostró tanto interés en mí que me invitó a tomarnos un cafecito en Miraflores. Como ella es alta, buenamoza, curvilínea y estaba con una minifalda bien cortita, acepté encantado. Y pues, charlas aquí, paseos allá, miradas indiscretas, el fuego se apoderó de ella y esa misma noche la hice mía con tanta pasión que la dejé exhausta, exhalando fuego como un dragón.
Pensé que la cosa quedaría ahí, pero las citas se repitieron tres veces consecutivas.
El caso de Pamela fue diferente, porque a ella la conocí en la fiesta de Raúl y, de tantos tragos, terminamos en un hostal. Recién en la cama, cuando ella estaba literalmente molida, me dijo que era casada.
Más antes había salido con Carolina, quien labora en la panadería frente a la factoría. Y en medio de unos apasionados besos, me dijo que quería divorciarse de su marido.
Ahora está que me llama Fernanda y ya me enteré de que es casada, pero insiste e insiste para vernos. ¿Qué hago?
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Me persiguen las mujeres casadas



