MATILDE (38, Miraflores). Mientras yo me esfuerzo por arreglarme y verme guapa para mi esposo, haciendo dietas, ejercicios y buscando lencería sexy para verme más atractiva, Enrico sólo piensa en el fútbol y en sus películas.
Llevo casi tres años de casada y muy pronto ha bajado el ritmo sexual de mi esposo. Desde que éramos novios sabía que Enrico era fanático del fútbol, al punto que muchos domingos no nos veíamos porque se quedaba en su casa para ver el partido de su equipo favorito.
Incluso, si los encuentros de fútbol eran en días de semana, sólo me llamaba por teléfono. En algunas ocasiones, cuando le reclamaba que tenía preferencias por el fútbol antes que por mí, nos íbamos al hotel, pero a la hora del partido dejaba de prestarme atención.
Al casarnos pensé que las cosas cambiarían, pero no fue así. Sólo los primeros meses se dedicó por completo a nuestra intimidad, pues también quería que saliera embarazada, hasta que tuvimos nuestro hijo.
De ahí en adelante los encuentros sexuales son una vez a la semana, sólo los sábados por la noche, pues todos los domingos hay fútbol y Enrico no puede dejar de verlos.
Pero si por esas casualidades hay un partido día sábado, me quedo con los crespos hechos y debo esperar otra semana más.
Ya le he hablado y me he quejado de que me tiene abandonada en la intimidad, ya intenté poniéndome lencería sexy para provocarlo, pero no tengo éxito. Después de todos mis reclamos, me responde que yo sabía cómo es él y que lo acepte tal cual.
Como si fuera poco, cada vez que hacemos el amor, en vez de esforzarse por tener un encuentro largo y plenamente satisfactorio, él se apura y acabamos en menos de diez minutos.



