Michell (25, Los Olivos). Le cuento doctora que he sido víctima de un vil engaño. Maricielo, mi prometida desde hace ocho años, ha terminado la relación que llevábamos cuando sólo faltaba un mes para casarnos.
Cuando me lo dijo, traté de persuadirla diciéndole que eran los nervios de la boda, pero ella me miró fijamente a los ojos y me aclaró que estaba enamorada de otra persona. Sus palabras me causaron mucho dolor.
Pero como soy terco regresé a buscarla y pedirle la identidad de mi rival. Ante mi insistencia, ella me reveló que era una mujer.
Una vez recuperado de la sorpresa la volví a buscar, le pedí perdón por mi actitud y le pregunté de quién se trataba. Ella, sin tartamudear, me confesó que era Marlene, su supuesta mejor amiga.
Casi me desmayo cuando lo oí. Esa mujer, doctora, nunca me cayó bien, ni yo a ella. Se entrometía en nuestra relación. Muchas veces le pedí a Maricielo que la deje de frecuentar. Y como ya no la veía llegué a pensar que mi novia me había obedecido, pero me equivoqué.
Si usted conociera a Marlene no creería que es una lesbiana, tiene un bonito rostro y silueta perfecta, aunque gestos toscos.
Para mí sólo era una mujer promiscua y chismosa, pero nunca imaginé que sería lesbiana.
Luego que mi novia cortó conmigo, una amiga en común me contó que vio a Maricielo y a Marlene juntas en una discoteca. Mi novia estaba vestida con ropa ceñida y su amiga con ropa ancha. La escena a mi amiga le pareció extraña, pero no lésbica.
Y ahora me enteré que mi novia y su amiguita llevan un mes como pareja. Maricielo me ha confesado que la ama más que a mí y me ha pedido que no le cuente de su nueva relación a sus padres.
Además, quiere que hable con ellos y me culpe por la ruptura del noviazgo. Es decir, me hace daño y todavía me pide que quede mal ante su familia.
No sé que hacer doctora, no aguanto más el dolor que siento, no puedo comer ni dormir.
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Mi novia me dejó por su amiga



