Tengo celos de un setentón
Tengo celos de un setentón

Ricardo (44, San Juan de Miraflores). El mundo está de cabeza, doctora, pues un hombre de unos 70 años que ya debería estar dedicado a cuidar su salud, engreír a sus nietos y dormir temprano para no enfermarse, se ha empeñado en enamorar a la mujer de mis sueños.
Este señor de cabello totalmente blanco y andar cansado, acumula todas sus energías para tocar a la puerta de Yolanda y enamorarla. Se comporta muy galante y cuando la saluda hasta le besa la mano como los caballeros de antaño.
Yolanda y yo vivimos en el mismo barrio y este viejito llegó a una casa vecina hace unos meses. Reconozco que quizá estoy demorándome en declararle mi amor, pero ella sabe que en cualquier momento lo haré, pues no hay día que no la busque para conversar y de vez en cuando le invito un chocolatito.
No le he dicho todavía para salir a pasear porque ella es muy conservadora y no me ha hecho entrar a su casa y sólo me atiende en la puerta.
Lo cierto es, doctora, que mientras yo voy lento, pero seguro, esperando alcanzar el amor de Yolanda para hacerla feliz por el resto de nuestras vidas, este ancianito le coquetea abiertamente y cuando hemos coincidido al buscarla, no tiene reparos en halagar su figura y hacerle piropos subidos de tono.
Le he preguntado a la musa de mis sueños si es que le gustan los hombres muy mayores y ella se ríe y me responde que el viejito es muy galante, pero nada más.
Y mientras Yolanda recibe muy atenta al vecino setentón, pues dice que no puede ser malcriada con él, yo en el fondo muero de celos y por mi mente cruza la idea de que me robe su amor.