Manejar cansado es más común de lo que parece y los atropellos o la pérdida del volante por somnolencia son una preocupación constante. En caso de estar expuesto a una situación así, es bueno tener en cuenta algunos consejos, aunque lo mejor siempre será pedir ayuda o no conducir.

PAUSA. Hacer paradas frecuentes permite estirar las piernas, respirar aire fresco y despejar la mente. Incluso cinco minutos fuera del auto pueden devolver la concentración y reducir la fatiga que acumula en los tramos largos.

COMPAÑÍA. Viajar acompañado ayuda a mantenerse despierto. Conversar, turnarse al volante si es posible y contar con alguien que pueda alertar sobre signos de cansancio reduce riesgos y hace el viaje más seguro.

AGUA. Beber agua regularmente mantiene el cuerpo hidratado y el cerebro activo. La sensación de frescura tras un sorbo mantiene la atención y evita la caída de energía que genera somnolencia durante rutas largas.

ALIMENTACIÓN. Comer ligero ayuda a no sentirse pesado ni adormecido. Frutas, frutos secos o barras energéticas aportan energía constante, mientras que comidas copiosas suelen generar sueño y distraen la atención.

MÚSICA. Escuchar canciones con ritmo o cambiar de estilo de forma frecuente mantiene la mente ocupada. Cantar o seguir la letra activa el cerebro y ayuda a que el viaje sea más ameno y la fatiga pase desapercibida.

LUZ. Aprovechar la luz natural y mantener el habitáculo iluminado despierta los sentidos. Abrir un poco la ventana o ajustar la temperatura evita la sensación de sopor que se instala en los tramos largos y monótonos.

CHICLE. Masticar chicle activa la boca y despierta la mente. Es un recurso simple que ayuda a mantenerse alerta, sobre todo en los momentos en que la somnolencia empieza a aparecer sin avisar.

Reconocer cuándo parar es la forma más efectiva de llegar seguro a casa y no poner en riesgo la vida de los demás.