El solo nombre ya espanta: desgarro vaginal. Así no sepas bien de qué se trata, sabes que no quieres sufrir uno, y mucho menos mientras estás en pleno acto sexual. Pues bien, sí ocurren, y normalmente cuando se hace el amor.
Los desgarros son rasgaduras de los músculos y otros tejidos blandos -la piel también cuenta- ubicados alrededor de la vagina. Usualmente se deben a una mala lubricación de la zona o deficiente estimulación del clítoris. Es decir, a no alcanzar un nivel de excitación ideal como para que los fluidos eviten la resequedad.
Otras veces, la razón de un desgarro radica en una mala penetración. Por ejemplo, si esta es demasiado brusca o el pene o juguete sexual es muy grande, puede ocurrir la lesión.
La buena noticia es que los desgarros por lo general se curan solos. Para ello, obviamente hay que evitar tener relaciones por un tiempo. Cuando hay mucho dolor y sangrado, se recomienda ir al médico. Los desgarros también pueden ser rectales o anales.
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