La democratización de la moda y el retail en el Perú ha ido acortando la distancia entre las grandes casas y el consumidor común, acercando propuestas antes exclusivas a un público más amplio y exigente. Ese proceso, que tomó fuerza desde los 2000, hoy se vive en un escenario distinto, donde el cliente compara, cuestiona y decide con mayor criterio.

En conversación con Diario Ojo, Ivalú Muscarelli, PR & Comms Manager de CLPEUY de H&M, sostiene que el consumidor actual ya no se guía solo por la tendencia, también busca coherencia entre lo que adquiere y lo que la marca representa, una lógica que gana peso en el Perú.

Bajo esa mirada, recuerda que hace dos décadas la marca presentó su primera colaboración con la diseñadora británica Stella McCartney, un momento que acercó el diseño de autor a una escala masiva. Hoy, esa alianza vuelve con una colección que pone énfasis en criterios más exigentes, incorporando prácticas vinculadas a la circularidad en la producción de gran consumo. Más que replicar códigos del lujo, la propuesta apunta a hacer accesible un diseño reconocible, alineado con nuevas expectativas sobre uso, duración e impacto.

Del acceso a la elección informada

La apertura del diseño no solo amplió la oferta, también cambió quiénes participan de ella. Desde los 2000, el retail masivo acercó códigos de pasarela a precios más accesibles, permitiendo construir un estilo propio sin depender de circuitos exclusivos. Con el tiempo, ese acceso dejó de ser novedad y pasó a formar parte del consumo cotidiano.

Un consumidor que compara más

Ese cambio trajo consigo una forma distinta de comprar. Hoy el consumidor peruano observa, contrasta y evalúa antes de decidir. La compra impulsiva pierde terreno frente a elecciones más pensadas, donde cada prenda responde a una necesidad concreta.

Más uso, menos acumulación

El valor ya no se mide solo en el precio. También pesan la duración, la versatilidad y la capacidad de adaptación al día a día. Se instala así una lógica más práctica, donde importa menos la cantidad y más el uso real de lo que se adquiere.

Una referencia en otro contexto

En 2005, la colaboración entre Stella McCartney y H&M marcó un punto de quiebre al llevar el nombre de una diseñadora reconocida a un público masivo. Dos décadas después, ese antecedente aparece en un escenario donde el acceso ya está dado, pero ahora se observa desde nuevas exigencias.

Diseño para el día a día

Las propuestas actuales se alejan de la lógica de usar y descartar. Siluetas más relajadas, combinaciones simples y referencias a colecciones anteriores apuntan a prendas que puedan integrarse con facilidad y mantenerse vigentes más allá de una temporada.

«Veo esta colección como un recorrido por mi trayectoria en el mundo de la moda. Es una auténtica mezcla de clásicos actuales y algunos de mis antiguos favoritos que reflejan mis primeros pasos en la moda y la evolución de mis rasgos distintivos. Es divertida, enérgica, brillante, alegre y refinada».—StellaMcCartney.

El impacto entra en la conversación

A la par, crece la atención sobre cómo se produce la ropa. La colección incorpora poliéster reciclado a partir de residuos textiles, seda orgánica sin pesticidas y fibras regeneradas desde desechos de algodón. Incluso elementos como las lentejuelas incluyen un alto porcentaje de cristal reciclado.

Como señala Muscarelli, este giro responde a un consumidor más informado, que no solo observa el diseño, también su proceso.

El reto hacia adelante

El desafío pasa por sostener el acceso al diseño sin dejar de lado la calidad y el impacto de lo que se produce, en un contexto donde el consumidor exige cada vez más información y coherencia en cada elección.