Una reciente investigación de la Universidad San Ignacio de Loyola puso en evidencia una realidad preocupante: seis de cada diez mujeres que sufrieron violencia física o sexual por parte de su pareja no buscaron ningún tipo de ayuda.

El estudio revela que el 42,3 % de las víctimas consideró que “no era necesario” pedir apoyo, mientras que un 14,9 % no lo hizo por vergüenza y otro 14,9 % porque no sabía a quién acudir.

Además, las mujeres de 30 a 49 años son quienes menos reportan la violencia de género, con un 59,2 %. Este patrón difiere de lo observado en países desarrollados, donde en ese mismo rango de edad la búsqueda de ayuda es mayor.

En países de ingresos medios, el estigma o vergüenza vinculados al tiempo de convivencia o matrimonio influyen en la decisión de denunciar. En el Perú, también intervienen el miedo a posibles represalias y la dependencia económica.

En los primeros seis meses del año, la Defensoría del Pueblo registró 78 feminicidios, un 11,4 % más que en 2024. La tendencia confirma la gravedad del problema y la urgencia de fortalecer los mecanismos de atención y prevención en todo el país.

La investigación muestra, además, que la violencia de género no suele ser reportada entre mujeres de otros grupos étnicos (59,2 %), quienes vivieron o estuvieron casadas por 15 años o más (59,5 %), quienes tienen parejas que no beben alcohol (62 %), gestantes (59,8 %) y víctimas de agresiones leves (64,7 %).

Más educación, menos agresión

Los hallazgos señalan que un mayor nivel educativo incrementa la búsqueda de ayuda. Por ello, los autores subrayan que la educación podría ser un factor determinante para las próximas generaciones, aunque recomiendan profundizar en esta línea de análisis.

Entre quienes sí pidieron ayuda, la madre aparece como principal soporte (35,1 %), seguida de amigos o vecinos (18,9 %), la hermana (17,9 %) y el padre (14,5 %).

Este grupo también presenta educación secundaria o superior, tiene una pareja que consume alcohol con frecuencia y ha experimentado violencia física o sexual moderada o grave, incluso durante el embarazo.

Con base en estos resultados, el estudio recomienda diseñar estrategias que garanticen acceso oportuno a servicios especializados y promover redes comunitarias que sensibilicen y apoyen a las mujeres.

Los investigadores sostienen que estas medidas podrían incrementar la confianza y crear un entorno seguro que permita a las mujeres sentirse apoyadas y empoderadas.

La investigación fue realizada por el docente de la USIL Daniel Fernández Guzmán y los investigadores Edison Salvador Oscco, Ana Claudia Santander Cahuantico y Guido Bendezú Quispe.

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