¿Te imaginas que tus hijos estudien en un colegio que presume ser inclusivo y progresista, pero un brote de paperas saca a relucir prejuicios y contradicciones que suelen esconderse bajo el discurso “correcto”? Lo que comienza con una discusión sobre vacunación obligatoria pronto se transforma en una disputa entre padres, docentes y directivos, donde alcanzar un consenso parece más difícil de lo esperado.
Esta es la historia de Eureka Day, escrita por Jonathan Spector y dirigida por Vanessa Vizcarra, que se presenta en el Teatro La Plaza.
Diario OJO conversó con Anaí Padilla, quien junto a Stephany Orúe, Manuel Gold, Fiorella De Ferrari, Diego Pérez y Sebastián Valdez da vida a una sátira que pone en evidencia ideas, prejuicios y tensiones en una comunidad aparentemente armónica.
La actriz reflexiona sobre los temas que plantea la obra y su mirada sobre la sociedad actual.
La obra muestra un colegio “progresista” que termina enfrentando una crisis que expone contradicciones internas. ¿Qué te interesó de ese universo al momento de abordar la obra?
La obra, más allá de los temas que aborda, termina hablando de la humanidad. Refleja cómo creemos que nos movemos en el mundo, cuando en realidad siempre hay un trasfondo que termina pesando más. Karina, en particular, ha sido todo un reto y lo sigue siendo. Es algo que hablamos con los compañeros: cada función representa un desafío para nosotros. Al ser una historia tan contemporánea y con una interpretación muy cercana a la realidad, el reto está en mantener esa verdad viva. Además, encontrar a Karina fue complejo. Entender su postura y su mundo tomó tiempo.

¿Qué tanto de la obra “Eureka Day” ves en la sociedad actual?
Vivimos en una sociedad que todavía arrastra racismo, clasismo y un pensamiento colonial muy marcado. Vemos el racismo, la discriminación y el colonialismo que aún persisten. Es una pena porque siento que, en lugar de avanzar, estamos retrocediendo. Aunque hoy existe más visibilización y conversación sobre estos temas, también vemos reacciones mucho más violentas. Las redes sociales han amplificado ese fenómeno. Es muy fácil insultar o agredir detrás de una pantalla, y muchas veces eso termina escalando mucho más de lo que uno imagina.
En la obra se evidencia la dificultad de llegar a acuerdos y escuchar posturas distintas. ¿Se confunde tener opinión con imponerla? Algo que nos falta como sociedad es aprender a dialogar y debatir. Muchas personas le tienen miedo a discutir porque asocian la discusión con una pelea, cuando no necesariamente es así. Se puede debatir de manera respetuosa e inteligente, sin necesidad de convencer al otro ni de llegar a un acuerdo. Lo preocupante es que esa falta de diálogo termina rompiendo amistades, familias y comunidades. Nos cuesta aceptar que alguien piense distinto y eso hace que cada vez estemos más divididos.
En tu caso, ¿qué tan presentes están tus propias experiencias al momento de construir a Karina? Sí influyen en algunos aspectos. No soy madre, pero he tenido la oportunidad de criar, y eso me permite entender el nivel de protección que puede tener una madre. También soy activista desde hace muchos años, así que comprendo lo que significa tener una postura clara, defender las propias ideas y sostener una lucha. Eso definitivamente me conecta con Karina, aunque ella lo hace desde otro lugar. Al final, uno siempre le presta al personaje cosas propias, según lo que la historia necesita. A veces incluso mi propia experiencia aparecía demasiado, y ahí mi directora me ayudaba a encontrar el equilibrio para que siguiera siendo Karina y no Anaí.
Después de la pandemia seguimos viendo tensiones entre la libertad individual y la responsabilidad hacia los demás... Es complicado. Después de la pandemia parece que no aprendimos mucho sobre el equilibrio entre la libertad individual y la responsabilidad hacia los demás. Creo que uno de los mayores aciertos de Eureka Day es que no busca decirle al público qué pensar. La obra muestra cómo nos relacionamos como sociedad, incluso en espacios donde aparentemente existe diálogo, consenso y tolerancia. Al final aparecen la búsqueda de poder, la manipulación y la falta de empatía. Me gusta que el público se interpele y que cada persona salga con una reflexión distinta.
Estás alternando este proyecto con la obra “El fantasma de la ópera”. ¿Cómo convives con dos universos tan distintos? Sí, son completamente distintos. El fantasma de la ópera es una obra para toda la familia, una historia clásica y muy conocida. En ese montaje interpreto a Madame Giry, un personaje que sostiene parte importante de la ópera de París y guía el hilo de la historia. Es un cambio fuerte de energía y de lenguaje escénico, pero lo estoy disfrutando muchísimo. Pasar de un universo más contemporáneo como Eureka Day a uno más clásico como este te obliga a trabajar desde lugares muy distintos, y eso también lo vuelve muy enriquecedor.

Después de 16 años de carrera, ¿ha cambiado tu forma de construir personajes? Sí, definitivamente tengo más herramientas. La experiencia te da otra mirada y otra perspectiva para abordar los personajes. Sigo siendo muy minuciosa con mi trabajo. Soy bastante chancona, me gusta trabajar de forma detallada y siempre busco contar la historia de la mejor manera posible. Con los años también se adquiere más seguridad, aunque los retos y las dudas nunca desaparecen del todo.
¿Hay algún personaje que te gustaría interpretar? Sí recuerdo un monólogo de dos mujeres que necesita ser interpretado por actrices adultas, de 45 años a más. Me impresionó mucho el texto y el trabajo actoral que exige. En ese momento pensé, “ya quiero llegar a esa edad para poder hacerlo”. Más allá de eso, no tengo un personaje específico en mente, pero sí muchas ganas de seguir encontrando textos y retos así en el camino.
Un mensaje final para el público... Invito al público a que vaya al Teatro La Plaza a ver El fantasma de la ópera y Eureka Day, dos propuestas muy interesantes y divertidas. Son dos historias muy humanas, con comedia, que permiten conectar con lo que pasa en escena y pasar un muy buen momento.
OJO AL DATO. Eureka Day se presenta en el Teatro La Plaza, con funciones de martes a sábado a las 8:00 p.m. y los domingos a las 7:00 p.m. Las entradas están disponibles en la web del teatro, Joinnus y en la boletería de Larcomar.




