En el teatro, pocas fórmulas resultan tan universales como reunir a una familia bajo un mismo techo y dejar que las diferencias hablen por sí solas. Entre risas, tensiones y silencios incómodos, surgen verdades que muchas veces permanecen ocultas en la vida cotidiana. “La tribu”, escrita por Ítalo Cordano y codirigida junto a Bruno Ascenzo, se sumerge dn en dl terreno de los vínculos familiares atravesados por el amor, pero también por la incomprensión.
La obra sigue a los Cavagnaro, una familia de ascendencia italiana que se reúne para compartir un momento especial. Sin embargo, lo que inicia como un encuentro para celebrar termina revelando tensiones acumuladas, diferencias generacionales y heridas no resueltas.

En escena, personajes como Silvano, interpretado por Carlos Carlín, encarnan una figura conocida, la del padre severo, formado en una época donde la autoridad no se cuestionaba, pero que hoy se ve confrontado por nuevas formas de pensar y sentir. Más que una comedia, es un espejo donde el espectador se ríe y, a la vez, se reconoce.


Desde Diario Ojo conversamos con Carlos Carlín sobre el impacto de la obra, su personaje y el mensaje que busca dejar.
¿Te pasa que muchos espectadores te dicen que tu personaje les recuerda a sus propios padres? ¿Cómo recibes esos comentarios?
Curiosamente, no es el primer comentario que recibo. Hay gente que me dice: “He visto la obra y regresé con mi papá para que vea cómo es”. Incluso familias completas han vuelto a verla. Me sorprende porque hace tiempo no hacía una obra con tanto impacto directo en la gente. Y no solamente pasa con mi personaje, con otros también. El personaje de Julia, por ejemplo, siempre cuestionada por la mamá por el tema de su cuerpo, de su peso, digamos, no vista por sus padres, invisibilizada. La obra habla de reflexionar, de conversar, de entender, de ser empáticos, sobre todo en familia. Vivimos tiempos de polarización complicadísimos, no solo en el Perú, sino en el mundo. Hay una radicalización muy fuerte de las ideas, se generan bandos y se pelean hasta la familia. Por eso la escena final apuesta por una reconciliación.
En la obra también aparece esta confrontación generacional. ¿Qué se plantea a partir de eso?
La reconciliación, la empatía, poder mirar al otro, sentarse a conversar, y entender que no necesariamente todos tenemos las mismas ideas ni la misma forma de ver el mundo o la vida. Al contrario, eso sería muy aburrido. Lo valioso es poder ponerse de acuerdo. Ese puede ser un buen punto de partida para mejorar como sociedad, empezando desde el propio núcleo. Eso es lo que plantea la obra.

Tu experiencia en Italia por la película se conecta con el personaje. ¿Cómo influyó en tu trabajo?
Me fui a Italia y tuve la oportunidad de trabajar en la panadería de la familia, repartir galletas por los malecones de algunos pueblos. Y claro, la gente me miraba como preguntándose qué le pasa a este. Eso es probablemente lo que le pasaría a mi personaje, alguien que cree ser muy italiano, pero que al llegar se da cuenta de que es un extranjero más. Recibe incluso ese mismo trato de “acá no eres nadie, tienes que empezar de nuevo”. Todo eso me sirve mucho como actor, porque hace que lo que transmito en escena tenga mucha más verdad.
¿Hay algo del personaje que hayas llevado a tu vida personal?
No en su forma de pensar. Yo no tengo esa mirada ni nunca la he tenido; mi papá tampoco la tenía, no existía en mi casa esa verticalidad. Pero sí en lo actitudinal. Soy una persona apasionada, hablo fuerte, y ahora procuro no hacerlo para no incomodar. También refuerza la importancia de la empatía, algo que tenemos que recordarnos constantemente.
Mirando tu trayectoria, ¿qué lugar ocupa “La tribu”?
“La tribu” me llegó en un momento súper importante, porque yo estaba aburrido, este era un periodo de mi matrimonio con el teatro en el que ya no quería hacer obras de texto, estaba más en espectáculos de comedia. Pero por insistencia de Ítalo Cordano y Bruno acepté, y me volvió a enamorar. Ha sido un reencuentro muy feliz conmigo, con el teatro y con un equipo al que admiro mucho. Además, ha marcado el inicio de nuevas cosas, como la película en la que somos socios de Los Productores, y otros proyectos que siguen saliendo.

¿Qué podrá ver el público en la versión cinematográfica?
Van a ver todo lo que ven en el escenario, pero con las historias más desarrolladas. Hay más carne, más vida de cada uno de los personajes. Vas a poder ver la casa con todos sus cuartos; la hicimos en una casa tratando de reproducir la idea que Ítalo tenía en la cabeza, con un equipo de arte extraordinario. Para nosotros ha sido muy emocionante grabar después de dos temporadas en teatro. Llegar a esta casa, que era como nuestra, y convivir ahí 18 días le da otra cosa, mucha más información a los personajes. Y el viaje a Italia ha sido un plus, un regalo maravilloso.
Finalmente, ¿qué te gustaría que el público se lleve de esta última temporada?
Que se ría, que pase un buen momento, pero que también se mire. Que encuentre algo suyo en los personajes y que eso le sirva para reflexionar.
OJO AL DATO
La Tribu, protagonizada por Carlos Carlín, Alejandra Guerra, Nicolás Galindo, Jely Reátegui, Oscar Meza, Diego Pérez, Luciana Arispe y Alejandro Villagómez, cuenta la historia de Silvano Cavagnaro, quien ansía celebrar en paz y armonía el cumpleaños de su esposa, Tere, un plan que se ve abruptamente interrumpido por la inesperada visita de su familia. La llegada de sus tres hijos adultos, acompañados de sus respectivas parejas, transforma un fin de semana que prometía ser tranquilo, en un campo de batalla. La obra se convierte en un espejo de la vida familiar, con todos sus altibajos, desafíos y momentos de pura alegría.
Las entradas para La Tribu ya se encuentran disponibles para el público, a través de la página web de www.losproductores.pe , a través de la plataforma de Joinnus y en la boletería del teatro.





