Prima Facie llega por primera vez al Perú con una historia que obliga a mirar de frente una de las formas más dolorosas de violencia contra las mujeres: la violación y todo lo que ocurre después, cuando una víctima decide enfrentarse al sistema de justicia. La obra, escrita por la dramaturga australiana-británica Suzie Miller, ha recorrido distintos escenarios y ha sido interpretada por reconocidas actrices antes de llegar a nuestro país.
En esta puesta en escena, Wendy Vásquez Larraín asume el desafío de interpretar a Tessa, una abogada acostumbrada a defender las reglas del sistema hasta que una experiencia personal la coloca al otro lado del estrado. A partir de ese momento, la mujer que conocía cada mecanismo de la justicia tiene que enfrentarse a sus propias limitaciones.
El resultado es un trabajo actoral de enorme exigencia. Wendy sostiene prácticamente sola una obra de ritmo intenso, atraviesa distintos tiempos y emociones y lleva al escenario una historia que habla de una víctima y también cuestiona la forma en que la sociedad entiende el consentimiento, la violencia sexual y la justicia.
Conversamos con la actriz sobre el reto de interpretar a Tessa, lo que ocurre cuando mira a las mujeres del público, las historias que ha recibido después de cada función y el mensaje que espera dejar, especialmente entre los jóvenes. Prima Facie se presenta en Lima hasta este domingo 27 de septiembre en el Teatro La Plaza.
Hay un momento en Prima Facie en que Tessa mira directamente al público y plantea que, si miramos a nuestra derecha o izquierda, probablemente encontremos a una mujer que ha sido víctima de una violación. ¿Qué te pasa cuando haces esa pregunta y empiezas a mirar rostros concretos? Es fuerte, me conmueve un montón porque sí siento que probablemente esas mujeres a las que yo estoy viendo han vivido eso. Siempre miro a mujeres y siempre señalo a mujeres. Específicamente busco dónde hay tres mujeres juntas en el público y alguna mi inconsciente la señala y sí siento: “Wow, o sea, una de esas tres ha vivido eso”. Estadísticamente es muy probable que una de esas tres que están sentadas juntas haya pasado por eso y eso me conmueve un montón. No siento que sea algo que tengo que conducir o jalar, sino que naturalmente está ahí porque, además, el ejercicio de hacer un personaje es esencialmente un ejercicio de empatía. Tienes que realmente ponerte en ese lugar. Y es bien bonito que esta obra nos ofrezca esta posibilidad.
En la obra aparece con mucha fuerza el tema del consentimiento. ¿Descubriste algo sobre este tema mientras preparabas a Tessa? Cuando uno trabaja un material, empieza a verlo por todos lados. Eso pasa también cuando los actores creamos un personaje. De pronto estás pensando en un tema, tienes curiosidad por conocer más y tu cerebro empieza a mostrarte cuánto de eso hay en tu vida cotidiana. Cuando empezamos a explorar este material, empecé a notar cuántos casos de mujeres abusadas hay a nuestro alrededor. Creo que siempre lo hemos sabido. La agresión sexual es un tema demasiado presente en nuestras amigas o en una misma. Entonces sí me ha pasado que he empezado a ser consciente y a ver denuncias por todos lados, de mujeres famosas y no famosas en las redes.
¿Qué mensaje te gustaría dejarles a los jóvenes respecto al consentimiento? Hay un cambio importante que hacer a nivel de cómo se gestiona la justicia desde el ámbito legal. Sin embargo, hay otro aspecto en el que sí tenemos injerencia todos y todas, que es la prevención y cómo educamos a nuestros hijos y nuestras hijas. Yo tengo dos hijos pequeños. Son muy pequeños todavía, ni siquiera pueden ver la obra, pero siempre trato de ser muy clara con ellos en el consentimiento de todo, de besos, abrazos, cómo saludo. Y siempre les digo: “Un no es suficiente, un no”. El no no se tiene que repetir. Sería muy lindo que vayan muchos jóvenes, hombres, mujeres, adolescentes, que las mujeres puedan ver cómo estas cosas no se callan. Si alguna vez tienes la terrible suerte de que eso te pase, no se calla. Esto se habla. Y los hombres que vean que con esto no se juega. Un no es un no. Creo que, para los hombres jóvenes, bueno, y adultos también, evidentemente, pero sobre todo a los jóvenes, que todavía son personas mucho más flexibles y creo que el futuro está ahí, es que quede muy claro que, si no hay un sí expreso y convencido, es un no y uno se tiene que detener ahí. Entonces sí creo que la prevención está en nuestras manos y que tenemos que llevarla a cabo todos y todas desde todos los lugares en los que podamos hacerlo.
Después de las funciones, ¿qué comentarios has recibido de las mujeres que han visto la obra? Muchísimo, muchísimo. Me escriben muchas mujeres. Me dicen: “Wow, o sea, me has hecho revivir mi propia historia y poder sentirla”. Yo creo que eso es bien importante porque además siento que el arte nos ofrece a todos la posibilidad de sentir cosas que a veces en nuestra vida cotidiana no nos atrevemos a sentir porque el arte nos da esa licencia de estar en un lugar seguro para hacerlo. Muchas mujeres han vivido una experiencia así, nunca se han atrevido a denunciarlo, nunca se han atrevido a llorar ese dolor y de pronto se encuentran con un material que les permite, en ese espacio seguro, sentir eso que estaba guardado, reprimido y encapsulado. Y solo sentirlo es muy sanador, solo permitirnos ver, sentir nuestras emociones, que además culturalmente nos enseñan a reprimir hasta de manera muy inconsciente. Muchas mujeres me escriben diciéndome: “He podido sentir esto, o sea, llorar esto”.
Tessa pasa de ser una abogada que conoce las reglas del sistema a convertirse en una víctima que tiene que enfrentarse a él. ¿Qué parte de esa transformación fue más difícil? En general, yo creo que el material en su totalidad es muy retador porque hay saltos de tiempo, el texto te ofrece un espectro muy grande de situaciones, emociones, experiencias por las que transita el personaje. Eso es un regalo para una actriz, evidentemente, porque es como un abanico muy amplio de situaciones, temperaturas y colores por los que tienes que atravesar. Sin duda, la parte más retadora es cuando ya se da la violación y todo el proceso posterior, en el que ella se enfrenta a este sistema tan duro, que es tan cruel con ella. Yo creo que, sobre todo, el reto en ese tipo de situaciones escénicas es un reto puramente emocional. Es casi preparar tu alma y tu corazón para habitar ese material y para poder permitir que eso te atraviese.
¿Cómo consigues entrar y salir emocionalmente de una historia tan fuerte? Los actores tenemos claro que no somos los personajes y que las experiencias que vive el personaje no las estamos viviendo nosotros. La realidad es que, mientras cuentas la historia, sí tienes que vivirla. Desde tu imaginación, tienes que imaginar plenamente que estás atravesando eso. Hay que tener mucha valentía para estar abierto a habitar esa historia muy genuinamente. En este montaje he encontrado mis propios rituales para entrar y salir de esas historias. Hay que pedirle permiso al personaje y a mi cuerpo para habitar eso y dejar claro que no soy yo, que es una historia que voy a contar para beneficio de las personas que están ahí. Luego hay que poder salir y dejar al personaje en el teatro y no llevárselo a casa. Siento que tiene que haber esa disposición a ser canal para contar esta historia desde un lugar muy verdadero y no fingir. Yo creo que actuar es lo contrario a mentir. Uno no está mintiendo nunca. El trabajo es tener la valentía suficiente para estar abierto y contar esa historia desde la verdad con la que uno pueda conecta
Tú interpretas una experiencia que no has vivido personalmente. ¿Qué has descubierto sobre la imaginación y la actuación a partir de Tesa? Cuando recién estaba estudiando actuación, yo siempre pensaba: “¿Cómo voy a hacer esta escena si yo no he vivido eso?”. Con los años uno se va dando cuenta de que, en realidad, uno no trabaja desde la realidad de sus experiencias, sino desde la imaginación. Y en esa imaginación yo siento que hay una conexión en algo más grande que uno. Creo que soy una persona súper espiritual, creo que siempre veo algo más allá de lo concreto, pero sí siento que hay algo más grande que uno con lo que uno se conecta cuando está haciendo un personaje. En esa dimensión es como que puedes acceder a una sabiduría que no está en tu mente ni en tus propias experiencias. Desde mi imaginación puedo conectar con este colectivo de personas que sí han pasado por esa experiencia. Para mí, ahora más que nunca en este personaje, pero también lo he vivido en otros personajes, es para mí siempre una ofrenda para todas las mujeres que sí han vivido eso. Yo no lo he vivido, pero soy consciente de que muchas mujeres sí lo han vivido. Entonces es honrar a esas mujeres que sí y contar esa historia.
Cuando Juan Carlos te propuso interpretar a Tesa, ¿qué fue lo que te conectó con el texto? Cuando Juan Carlos me habló de esta posibilidad, yo ya sabía que él había hecho el montaje en España. Felizmente, no lo había visto. Sabía muy poco, sabía de qué se trataba, como la premisa general. Leí el texto y me impactó muchísimo, no solo el tema que aborda, sino la manera en la que está escrito. Creo que es un texto brillante de la autora Suzie Miller, que puede plasmar con mucha inteligencia y mucha sensibilidad, de una manera muy potente, lo que pasa en una mujer cuando vive una experiencia como esa. Lo hace de una manera muy sensible y muy inteligente. Me encantó. Sentí que conectaba muchísimo con ese material y, en general, yo siento que ese siempre es mi criterio cuando leo un material para saber si quiero hacerlo o no. Mi único criterio, te diría, es sentir si eso me resuena en el cuerpo, o sea, si hay algo que yo siento que quiero contar en todas mis vidas, en mi cuerpo, en mi corazón, en mi alma. Y eso lo sentí clarísimamente.
La obra tiene muchísimo texto y un ritmo intenso. ¿Qué significó enfrentarte a un monólogo de estas características? Yo nunca, en general, me había puesto nerviosa antes por la cantidad de texto de una obra. Siento que tengo buena memoria, pero esto ha sido un desafío tremendo porque, además, la obra tiene un ritmo muy vertiginoso. No hay como tiempo para pensar ni un compañero en el que te puedes apoyar para salvarte. A mí me encantan los retos. Me encanta hacer cosas que me asustan, que no sé cómo hacer y que, en un punto, siento que no voy a poder. Esa sensación de tener la posibilidad de ir un poquito más allá de mis propios límites me encanta. Me parece que no hay nada mejor para un actor o una actriz que hacer un material que te presenta un desafío tan importante. Creo que en esos desafíos es donde uno crece y aprende más. Es muy aburrido hacer cosas que uno ya sabe hacer o que son fáciles. No hay nada más divertido ni un privilegio más grande que poder hacer algo que te vulnera y te hace ir más allá de lo que ya conoces.





