La medicina tradicional de Oriente considera que la superficie dérmica constituye un órgano. Su porosidad permite la absorción de ki, aire, luz y vibraciones cósmicas, así como la rápida eliminación de materias y fluidos sobrantes. Como órgano excretor, la piel puede hacerse cargo de las funciones de los riñones cuando estos fallan o se sobrecargan. Así, la piel se convierte en un sistema de eliminación auxiliar, no obstante, sus vastos recursos (entre 1,2 y 2,2 m2 de área superficial y como dos millones de glándulas sudoríparas), carece de la capacidad para expulsar las cantidades excesivas de urea proveniente de las carnes y grasas animales, sustancias sintéticas, aditivos en los alimentos, el azúcar refinado, los edulcorantes, los colorantes, los saborizantes artificiales, los fármacos, entre otros.

Todos los productos utilizados en la piel deben ser tan naturales como sea posible. Intente cambiar poco a poco sus ropas de fibras sintéticas no absorbentes por otras más cómodas, de preferencia orgánicas o ecológicas hechas con algodón, lino o lana. Haga lo mismo con las sábanas, mantas, toallas reemplazándolas por otras de fibra natural.

Incluso, en invierno se deben mantener entreabiertas las ventanas para permitir la circulación de aire fresco y que la piel respire. Una temperatura interior un poco fría o ventilada ayudará a descansar mejor en la noche. En verano use un ventilador en vez de aire acondicionado porque éste reseca la piel.

En cuanto a la higiene personal, es mejor lavarse con jabón artesanal y prescindir en lo posible de productos químicos de lavado y belleza. La mayoría de los cosméticos, detergentes, jabones y desodorantes químicos dañan las bacterias beneficiosas de la piel. Tras lavarse con jabón, se requiere de vitamina C para reemplazar el llamado «manto ácido».

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