Lima Verde alcanzará el próximo 1 de septiembre una cifra histórica, en una capital donde los árboles ayudan a generar sombra, mejorar la calidad ambiental y hacer más habitables los espacios públicos.
En una ciudad asentada sobre un territorio desértico como Lima, los árboles cumplen una función que va mucho más allá de embellecer las calles. Ayudan a generar sombra, mejorar la calidad ambiental y hacer más habitables los espacios públicos. El próximo 1 de septiembre, Lima Verde alcanzará el millón de árboles plantados.
Para Claudia Ruiz Canchapoma, gerente general de SERPAR, la cifra representa mucho más que una meta institucional. “Detrás de un millón no hay solamente árboles. Hay viveristas que los vieron nacer, ingenieros que recorrieron kilómetros para encontrar dónde plantarlos, trabajadores que los trasladaron, municipalidades que abrieron sus puertas, dirigentes que organizaron a sus vecinos, profesores que movilizaron colegios, voluntarios que tomaron una pala y miles de ciudadanos que decidieron cuidar algo cuyos beneficios quizá disfrutarán plenamente otros”, señala.
Una de esas historias ocurrió en Huaycán, donde familias que todavía deben comprar agua mediante cisternas solicitaron árboles para su comunidad. Cada vecino asumió el compromiso de cuidar el suyo y decidió separar parte del agua que compraba para sus propias necesidades para regarlo. Cuando SERPAR regresó tiempo después, los árboles seguían allí.
El programa logró sumar a municipalidades, colegios, universidades, instituciones públicas, organizaciones vecinales, dirigentes, estudiantes y voluntarios. SERPAR aportó árboles, viveros, asistencia técnica y logística, mientras las comunidades contribuyeron con espacios, organización, agua y personas dispuestas a asumir el cuidado. Así, una meta institucional terminó convirtiéndose en una tarea compartida.
Pero alcanzar el millón también abre una nueva etapa. “Plantar un árbol puede tomar minutos; conseguir que crezca requiere años”, advierte Ruiz Canchapoma. Después de cada jornada vienen el riego, la fertilización, el mantenimiento, la vigilancia y el seguimiento. El desafío ahora será que los árboles plantados sobrevivan, crezcan y puedan seguir aportando sombra y espacios verdes a la ciudad.




