Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Andrea de 40 años, que nos escribe desde Surco.
Doctora Magaly, hay algo que me da vergüenza admitir. Con todo el mundo soy paciente, menos con Carlos, mi esposo. En el trabajo puedo resolver problemas sin levantar la voz, escucho a mis amigas durante horas y hasta tengo paciencia cuando mis hijos hacen alguna travesura. Pero llego a casa y parece que se me acaba la batería.
Tenemos diez años de matrimonio, dos hijos y un perro que parece tener un talento especial para ensuciar justo después de que limpio. Carlos trabaja bastante y sé que también llega cansado, pero siento que la organización de la casa termina cayendo sobre mí. Soy yo quien recuerda las citas médicas, revisa las tareas de los chicos, compra lo que falta y piensa qué vamos a comer. Él ayuda, pero casi siempre después de que se lo pido.
Ahí está mi problema. Últimamente estoy esperando que haga algo que no hace, incluso antes de que ocurra. Si deja una taza en la sala, me molesto. Si se sienta a mirar televisión mientras todavía hay platos en la cocina, me fastidio.
Carlos dice que siente que haga lo que haga nunca es suficiente. Y creo que tiene razón. Muchas veces le digo que necesito ayuda, pero también espero que se dé cuenta solo de todo lo que falta.
No quiero que nuestra relación termine convertida en una lista de pendientes. Lo quiero y tenemos una familia bonita, pero extraño cuando conversar con él no significaba hablar de cuentas, compras, colegio o quién llevó al perro al veterinario. Doctora, no sé cómo salir de este círculo. Necesito su consejo.
CONSEJO
Estimada Andrea, deja de pedirle a Carlos que “te ayude” y empiecen a repartir responsabilidades. Si tú estás pendiente del colegio, las citas médicas, las compras y las comidas, algunas de esas tareas deben pasar a ser completamente suyas, desde recordar lo que toca hasta resolverlo. También deja de acumular molestias para explotar por una taza o una media. Dile qué te está sobrecargando y observa si asume su parte sin que tengas que dirigirlo. Suerte.




