Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Luciana, de 24 años, que nos escribe desde Puente Piedra.

Doctora Magaly, le escribo porque me siento muy confundida y frustrada por lo que vivo en mi trabajo. Yo me considero una chica alegre, muy amable y sociable con todos, pero lamentablemente mis compañeros hombres confunden mi forma de ser con coquetería.

Jamás ha sido mi intención coquetearles, pero ellos malinterpretan mis atenciones y eso ha desatado una ola de chismes horribles entre las mujeres de la oficina. Mis compañeras de trabajo han comenzado a hablar a mis espaldas y a mirarme mal, creando un ambiente laboral sumamente tenso y hostil.

Siento que me tienen envidia porque me llevo bien con los chicos. Es injusto que juzguen mi profesionalismo y mi moral solo por ser una persona empática, educada y atenta con los demás en el día a día.

Me da mucha pena pasar por esto porque yo sé perfectamente quién soy y los valores que tengo. He llegado al punto de dudar de mí misma y de preguntarme si estoy haciendo algo mal, aunque en el fondo sé que el problema no soy yo. No es justo que tenga que reprimir mi personalidad o ponerme una máscara de seriedad absoluta solo para evitar que la gente maliciosa hable.

Estoy evaluando cambiar de trabajo porque ya no soporto la hostilidad con la que me tratan mis compañeras. Sin embargo, me resisto a la idea de renunciar solo por culpa de las intrigas ajenas, ya que yo no pienso cambiar mi esencia alegre por complacerlas. Me encuentro en una encrucijada muy difícil y no sé qué hacer para frenar esta situación sin salir afectada.

CONSEJO

Querida Luciana, jamás debes apagar tu brillo ni cambiar tu esencia alegre por los prejuicios o la envidia de los demás. El problema no está en tu amabilidad, sino en los ojos de quienes la malinterpretan. Antes de renunciar, pon límites claros con tus compañeros. Si a pesar de marcar distancia el ambiente sigue siendo insoportable, evalúa buscar un nuevo trabajo donde valoren tu talento y tu calidad humana. Suerte.