Rosalía (40 años, Jesús María). Querida doctora Magaly, le escribo porque me encuentro en una encrucijada. Tengo 40 años y siempre he sido una mujer de principios firmes, centrada en mi vida y mis responsabilidades. Sin embargo, hace poco apareció un joven de 28 años que ha puesto mi mundo de cabeza. Al principio pensé que solo era un juego, pero sus detalles y su mirada me están haciendo dudar de todo.
Camilo no se cansa de buscarme, me envía mensajes que me erizan la piel y siempre encuentra una excusa para estar cerca. Aunque trato de mostrarme fría y distante, por dentro siento un fuego que hace años no experimentaba. Me aterra pensar en lo que dirán los demás si me ven con alguien doce años menor, pero la atracción es tan fuerte que me tiemblan las piernas cada vez que me sonríe.
He intentado alejarme, dejando sus llamadas sin responder y evitando los lugares donde sé que lo encontraré. Pero él aparece con esa galantería que me desarma por completo. Tengo miedo de ceder ante el deseo y terminar con el corazón roto, pues siento que la diferencia de edad es un abismo que tarde o temprano terminará por separarnos de la peor manera.
Dígame qué hacer, doctora, porque siento que mis defensas se desmoronan y estoy a punto de caer rendida en sus brazos. No quiero ser la burla de nadie ni vivir una ilusión que se desvanezca como el humo en poco tiempo. Mi mente me dice que huya lo más lejos posible, pero mi cuerpo y mi corazón me traicionan, pidiéndome a gritos que me deje llevar por esta pasión que me hace sentir más viva que nunca.
CONSEJO
Querida Rosalía, el miedo al qué dirán es un peso que solo tú decides cargar. Si bien la diferencia de edad te asusta, recuerda que la madurez no siempre está en los años, sino en las intenciones y el respeto mutuo. No te cierres a la posibilidad de ser feliz por prejuicios sociales; conversa con Camilo sobre tus temores y evalúa si sus planes coinciden con los tuyos. Suerte.




