El pututo, ese instrumento de viento tradicional hecho a partir de una concha marina grande, generalmente del género Strombus o Lobatus, ha sido utilizado por diversas culturas prehispánicas en América Latina con propósitos ceremoniales. En la India se llama caracola. En los rituales védicos se utiliza la caracola para dar inicio y fin a las ceremonias espirituales.

Guarda en su sonido un misterio profundo que conecta con nuestra esencia y con la energía del universo. En la radio tocamos el pututo con frecuencia, ya que suena como un mantra. Al tocarlo, emitimos una vibración que resuena en nuestro interior y en el entorno, similar al sonido primordial del «Om», el cual, según tradiciones milenarias, es el sonido del universo en su estado más puro.

Ese eco prolongado del pututo no solo despierta un sentido de pertenencia a la naturaleza, también actúa como un puente entre nuestra energía y la del cosmos. Es una invitación a volver a lo esencial, a detenernos y escuchar, no solo con los oídos, sino con el alma. Un llamado a la comunidad, pero también a los seres espirituales, funcionando como una forma de diálogo con el mundo no visible.

Uno de los descubrimientos más significativos de pututos ocurrió en el Templo de Chavín de Huántar, donde se encontraron 20 pututos de más de 3,000 años de antigüedad. Se cree que fueron usados en ceremonias religiosas. Hoy, ese mismo sonido puede ayudarnos a conectar con nuestra respiración. Se recomienda enterrar el pututo en la arena una vez al año para que se cargue de energía.

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