Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Sandra de 28 años, que nos escribe desde Comas.

Doctora Magaly, me he metido en una situación que podría costarme una amistad de toda la vida. Estoy enamorada de Andrés, el prometido de mi mejor amiga. Lo peor es que ella confía tanto en mí que jamás sospecharía lo que está pasando.

Conozco a Camila desde el colegio y en su casa siempre me han tratado como a una hija más. Así conocí a Andrés, cuando empezó a salir con ella. Al principio solo coincidíamos en cumpleaños y almuerzos familiares. Todo cambió cuando él ingresó a trabajar cerca de mi oficina y comenzamos a encontrarnos para almorzar.

Esos encuentros se volvieron mi momento favorito del día. Andrés recordaba lo que le contaba, me preguntaba cómo estaba y hasta notaba cuando algo me preocupaba. Yo llevaba dos años soltera y me fui ilusionando sin querer admitirlo. Si Camila preguntaba por él, evitaba contarle cuánto nos veíamos.

Hace unas semanas, Andrés me confesó que conmigo se sentía distinto. Le pregunté qué significaba eso, porque estaba comprometido. Me respondió que quería a Camila, pero que últimamente discutían mucho. Debí tomar distancia en ese momento. En cambio, seguí escuchándolo y acepté salir con él una noche.

Al despedirnos, nos besamos. Después me pidió que no dijera nada hasta que pudiera aclarar sus sentimientos. Desde entonces me escribe todos los días y hemos vuelto a vernos, pero no ha hablado con mi mejor amiga.

He intentado alejarme, pero cuando él me busca termino cediendo. Doctora, ¿cómo termino con esto si ya me enamoré? ¿Debo contarle la verdad a mi amiga?