Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Manolo, de 55 años, que nos escribe desde Comas.
Doctora Magaly, le escribo porque estoy preocupado por mi esposa. Desde hace años seguimos la política, pero nunca como ahora la he visto tan afectada por el tema de las elecciones. Todo empezó el domingo. Estábamos viendo los resultados y desde ahí noté que se puso tensa, nerviosa y muy irritable. Cualquier comentario la incomoda y responde de mala manera.
En estos días casi no se despega del televisor o del celular. Se informa todo el tiempo y se altera con cada noticia. Si algo no le gusta, reniega fuerte y se amarga el resto del día. Yo trato de calmarla, le digo que no vale la pena mortificarse tanto, pero se molesta conmigo. Me dice que no entiendo la situación del país y que todo está muy mal.
Incluso cosas simples como la comida o alguna broma terminan en discusión. Siento que camina con una tensión constante y que cualquier palabra puede encenderla más. Me preocupa verla así porque no es su forma de ser, siempre ha sido tranquila y ahora suele quejarse constantemente por las noticias y comenta todo lo que pasa con fastidio. Siento que este tema se ha vuelto el centro de sus conversaciones y no sé cómo manejarlo sin que se incomode más.
Doctora, no sé cómo ayudarla ni cómo manejar esta situación sin que empeore.
CONSEJO
Querido Manolo, es normal que el contexto político genere tensión, pero no debe afectar la salud emocional ni la convivencia. Evite confrontarla y proponga pausas: menos noticias, más actividades juntos que la relajen. Escúchela sin discutir y valide lo que siente, pero con límites. Si la irritabilidad persiste, sugiera conversar con un profesional. La calma también se construye en casa.




