Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Daniela de 35 años, que nos escribe desde Los Olivos.

Doctora Magaly Moro, estoy casada con Daniel desde hace tres años y hasta hace poco teníamos una rutina que me gustaba mucho. Él salía de la oficina y llegaba temprano a casa para cenar juntos, tomar lonche o, de vez en cuando, salir al cine. Sin embargo, desde hace tres meses todo cambió.

Daniel empezó a llegar cada vez más tarde. Al principio no le di mucha importancia porque me explicó que su jefe les había puesto nuevas metas y objetivos, y que por eso tenía que quedarse trabajando después de su horario. Incluso me contó que algunas noches su jefe les compra pizza para que continúen trabajando.

Quise creerle porque nunca antes había tenido motivos para desconfiar de él. El problema es que las tardanzas comenzaron a ser demasiado frecuentes y algo dentro de mí empezó a decirme que quizá no me está contando toda la verdad.

Reconozco que hice algo que no estuvo bien: empecé a revisar sus cosas buscando alguna pista. Fue así como encontré unas boletas de restaurantes que llamaron mi atención porque correspondían a consumos para dos personas.

No pude quedarme callada y le pregunté directamente con quién había estado. Daniel me respondió que algunas veces almuerza con su jefe y otras con un compañero de la oficina. Según él, no existe nada extraño detrás de esas boletas.

El problema es que sigo intranquila. No tengo mensajes comprometedores, tampoco he encontrado una prueba de que exista otra mujer, pero no puedo evitar relacionar sus constantes tardanzas con esos almuerzos. Antes esperaba que llegara para compartir juntos; ahora paso las noches preguntándome dónde estará realmente.

También tengo miedo de estar convirtiéndome en una esposa tóxica. Sé que revisar sus pertenencias y desconfiar de cada explicación puede terminar dañando nuestro matrimonio, pero también siento que su cambio de comportamiento merece una explicación más clara.

OJO AL CONSEJO

Querida Daniela, no te adelantes a pensar en una infidelidad si no tienes pruebas. Sin embargo, el cambio en su rutina justifica que converses con él y le cuentes cómo te sientes. Evita revisar sus cosas, pues solo aumentará tu desconfianza. Busquen recuperar sus momentos juntos y fortalecer la comunicación. Si sus explicaciones no te dan tranquilidad, pídele sinceridad y observa si existe disposición de su parte para mejorar la situación.