Por: Magaly Moro
magalymoro@grupoepensa.pe
Juana (35 años, Villa María del Triunfo). Doctora, prácticamente ya no disfruto del tiempo con mi marido. Estoy cansada de que todo el día la pase en ese maldito trabajo, y que cuando termina su jornada laboral lo único que haga es seguir hablando de los problemas que tiene allí. Mis amigas me llaman “la santa paciencia”, porque ninguna de ellas aguantaría todo lo que hasta ahora he hecho.
Yo aún amo a Roberto, él es el padre de mis hijos y haría cualquier cosa por mi familia, pero es agotador tener que trabajar y que al llegar a casa solo vea dormir a mi esposo, porque rara vez hay tiempo para nosotros. Roberto enseña Lengua y Literatura en una academia preuniversitaria. Cuando regresa a la casa está muy cansado, a veces apenas cena, se ducha rápido y se va a dormir. Hace tres meses que no tenemos intimidad y estoy aburrida. Ni siquiera hay tiempo para salir a pasear o a comer en familia. La cantidad de deudas que tenemos por un negocio fallido al que apostamos el año pasado ha hecho que trabajemos más de la cuenta para pagar los recibos y mantener a la familia, pero no sé hasta cuándo soportaré no tener a mi marido para mí.
Lo que se me hace más insoportable es que Roberto llega a la casa para quejarse de su trabajo, de su bajo sueldo y demás cosas, y nunca me pregunta por mí, como si yo no tuviera problemas. Por eso me dicen “la paciente”, porque no soy capaz de decirle a mi esposo lo que me molesta, sino que me guardo todo esto, y a veces les grito a mis hijos cuando sé que ellos no tienen la culpa de nada. ¿Cómo le digo a mi marido lo que siento?
OJO CONSEJO
Lo más sensato es que te armes de valor y seas sincera con tu esposo. Sin alzar la voz, dile lo que piensas. Guardar esos sentimientos te hace mucho daño.
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