Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Jorge de 37 años, que nos escribe desde Magdalena.

Doctora Moro, necesito un consejo porque hay una costumbre de mi pareja que cada vez me cuesta más aceptar. Estamos saliendo desde hace seis meses y, aunque tenemos una relación tranquila y ella es una buena persona, hay algo que empieza a incomodarme mucho.

A Carla le encanta pasar gran parte del día en la cama. Al principio me parecía algo curioso y hasta gracioso, porque pensé que era una forma de descansar después de sus actividades. Con el tiempo noté que ese espacio se convirtió en su lugar para hacer prácticamente todo. Con el tiempo noté que ese espacio se convirtió en su lugar para hacer prácticamente todo. Come ahí, arma rompecabezas, se pinta las uñas, abre paquetes que recibe y hasta hace manualidades sobre la cama.

Se lo he comentado con cuidado, pero siento que no entiende por qué me molesta. Me dice que es su manera de sentirse cómoda y que no está haciendo nada malo. Para mí, la cama tiene un propósito distinto y verla llena de comida, objetos o productos de belleza me genera incomodidad.

No quiero empezar una relación tratando de cambiar su forma de ser ni hacerla sentir juzgada por sus hábitos. Sé que todos tenemos costumbres diferentes, pero también pienso que si algo me incomoda debería poder hablarlo antes de que se convierta en una molestia más grande.

Doctora, ¿cómo puedo plantearle este tema sin que sienta que estoy criticando su personalidad? Ayúdeme, por favor.

CONSEJO

Estimado Jorge, en una relación es normal descubrir costumbres de la otra persona que pueden sorprendernos o incomodarnos. La diferencia está en cómo se conversan esos temas. Evita plantearlo como una crítica. Si ambos pueden escucharse y buscar acuerdos, una diferencia de costumbre no tiene por qué convertirse en un problema mayor.

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