Sara Abu-Sabbah

Aunque ambos son alimentos fermentados, no son exactamente lo mismo. El yogur se elabora con un grupo reducido de bacterias beneficiosas, mientras que el kéfir se obtiene a partir de gránulos que contienen una comunidad más diversa de bacterias y levaduras. Por eso, suele aportar una mayor variedad de microorganismos.

La evidencia indica que tanto el yogur como el kéfir pueden contribuir a una microbiota intestinal saludable y favorecer la digestión. En algunas personas, también pueden mejorar la tolerancia a la lactosa y formar parte de una alimentación asociada con un menor riesgo de enfermedades cardiometabólicas.

La evidencia disponible no demuestra que el kéfir sea superior al yogur para la población general.

Como guía práctica, una porción de 150 a 250 ml al día, o al menos 4 a 5 veces por semana, puede formar parte de una alimentación saludable. Lo mejor es elegir versiones naturales, sin azúcar añadida y con cultivos vivos.

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