Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Daniel, de 31 años, que nos escribe desde San Miguel.

Doctora, nunca pensé que terminaría escribiendo por algo así, pero ya no sé si estoy exagerando o si realmente hay un problema serio en mi relación. Llevo dos años con mi enamorada y, aunque tenemos momentos buenos, desde hace varios meses noto conductas que me incomodan cada vez más. La principal es que revisa mi celular a escondidas.

La primera vez lo descubrí porque vi conversaciones abiertas que yo no había dejado así. Cuando le pregunté, lo negó. Después volvió a pasar y finalmente admitió que revisaba mis mensajes “porque tenía presentimientos”. Según ella, si no oculto nada, no debería molestarme. El problema es que ya no se trata solo del teléfono. También me pregunta constantemente con quién hablo, por qué demoré en responder o quién reaccionó a mis historias.

He intentado darle tranquilidad, incluso dejándole claro dónde estoy o con quién salgo, pero siento que nada es suficiente. Si salgo con amigos, se pone distante. Si menciono a una compañera del trabajo, cambia de humor. Lo más agotador es que muchas veces termino pidiendo perdón por cosas que ni siquiera hice, solo para evitar discusiones.

La quiero y sé que no es una mala persona, pero vivir bajo sospecha constante me está agotando emocionalmente. Ya no me siento tranquilo y hasta pienso dos veces antes de usar el celular cerca de ella para evitar problemas. ¿Cómo se reconstruye la confianza cuando uno siente que está siendo vigilado todo el tiempo?

CONSEJO

Querido Daniel, entender las heridas emocionales de tu pareja no significa normalizar conductas que invaden tu privacidad o generan control. La desconfianza constante termina desgastando incluso relaciones donde no existe infidelidad. Hablar es importante, pero también lo es que ella reconozca que sus miedos necesitan trabajarse. Una relación sana no debería sentirse como una supervisión permanente.

TAGS RELACIONADOS