Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Kiara de 28 años, que nos escribe desde Villa María del Triunfo.

Doctora Magaly, llevo unos meses conviviendo con mi pareja y estamos batallando a diario por una sola cosa: el baño. Puede resultar un tema menor, pero esto se está convirtiendo en un problema cada vez más grande, por eso quisiera su consejo.

Hasta ahora nos hemos adaptado bastante bien a esta etapa de vivir juntos y jamás imaginé que el uso del baño podría convertirse en motivo de discusión. Ambos tenemos que salir prácticamente a la misma hora para ir a trabajar y cada mañana terminamos peleando por quién entra primero.

El problema es que Diego demora muchísimo arreglándose. Se ducha, se afeita, se peina, se viste frente al espejo y puede pasar casi una hora en el baño. Yo, en cambio, necesito apenas unos minutos para alistarme.

Durante los primeros días no decía nada porque pensé que era cuestión de acostumbrarnos, pero ahora varias veces he tenido que salir apurada o incluso llegar tarde al trabajo porque él todavía está ocupando el baño..

Ya le he pedido que se organice de otra manera y me dijo que también necesita su tiempo. Hemos intentado levantarnos más temprano, pero ninguno de los dos cede porque sentimos que dormimos menos. Lo peor es que esa discusión de la mañana termina afectando nuestro humor durante todo el día.

No quiero que cada día comience de esa manera y que nos terminemos molestando el uno con el otro. ¿Cómo podemos encontrar una solución para que ambos tengamos nuestro espacio y podamos salir a tiempo?

CONSEJO

Querida Kiara, parece un problema pequeño, pero la convivencia justamente consiste en aprender a negociar esos pequeños detalles. En lugar de discutir cada mañana, busquen un momento tranquilo y establezcan una rutina. Pueden alternar quién entra primero, acordar un tiempo máximo para cada uno o incluso levantarse con algunos minutos de diferencia. Lo importante es entender que ninguno tiene que “ganar” el baño; ambos deben encontrar una organización que les permita empezar el día sin resentimientos.