Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Rosa de 40 años, de Cercado de Lima.

Querida doctora Magaly Moro, le escribo para contarle que tengo un placer culposo. Veo a las jovencitas suspirar por el actor Jacob Elordi, famoso por la saga de películas “El stand de los besos” en Netflix, y recuerdo que yo también tuve mi fantasía peligrosa cuando era joven.

Yo me derretía por Jaime Bayly, “El francotirador”. Ese aire insolente, esa lengua afilada, esa forma de mirar como si supiera exactamente qué estabas pensando me derretían frente al televisor. Lo mío no era simple admiración, era una fijación deliciosa.

Veía las entrevistas del “Niño terrible” y fantaseaba con ser la invitada de la noche. Responderle con inteligencia brillante, sostenerle la mirada y en un descuido glorioso de cámaras, ser una de las entrevistadas a las que él besaba. Yo no quería una foto. Yo quería que me dedicara un libro… y quizás algo más.

Y aquí viene la parte más descarada de mi confesión: ese gusto no se me ha quitado. Hace poco compré su última novela, Los Golpistas. “Por interés literario”, dije en la caja. Mentira piadosa. La verdad es que cuando leo, siento que es él quien me susurra cada frase al oído.

¿Maduré? Claro que sí. Pero mi imaginación sigue siendo de una veinteañera. Qué maravilla descubrir que todavía puedo sentir esa cosquillita traviesa en el estómago. Que todavía puedo ruborizarme sola en mi sala, con un libro entre las manos y una fantasía perfectamente privada. ¿Sigo fantaseando con Jaime?

CONSEJO

Querida Rosa, no debes sentirte mal por confesar tu gusto por Jaime Bayly. No está mal que lo admires, disfrutes de sus libros y hasta tengas fantasías con él de vez en cuando, el problema es que busques vivir en tus fantasías. La admiración hacia él como escritor es una cosa, y la obsesión es otra. Debes saber vivir tu realidad.